Azohía Redono
Imagen: autor y edición: Juan Sánchez- Bajo licencia creative commons (c) 2015

“Ley-endo…”

Lector,
contracto, trazos del alma,
-o lo que sea-
empacado el renglón
-quizás torcido-
verso dolido, interlinea-dos,
paraíso imparasitado,
nacido tan, tan, tan viejo.

Lector,
dar distancia al tiempo
-es lo cierto-
mil años y un minuto
descarnado, de raso estrellado.
No era cadáver,
solo un verbo durmiente.

Lector? ya no!,
ahora lo entiendo:
caos fertilizado,
tela de arañas, vibrante
estría del sueño, si, ya, ¡pero no!

El ánima en carne viva,
entonces; ahora
deviene la negación, rabia,
indiferencia, y un perdón?
El alma, -o lo qué sea-
enmudeció desde allá;
está mucho mejor.

De allí los renglones
tuertos de aquí.
De allí el intersticio urgido,
un crujido casi crepuscular;
solo un acaso trastabillado.

En el ojo de la aguja
un perro mínimo ladra
tormentas de pega,
el reloj ruge, y ya partimos…
De azul pajizo pintaré riberas,
en verde –celosía- aquel mar, cejudo
océano sin lecho;
al final solo era eso.

Y ahora tú, así,
laurisilva hechicera
de agua y aire fresco,
de armisticio en el labio;
Bluemoon adormidera.
Disipa la niebla, aviva
el sol, y la hoguera;
del alma imprevista -¡o lo que sea!-
eclípsalo todo, y por lo demás…

Relacionado: “Y llegó la niebla”

Juan Sánchez – 11/7/2015

– Texto e imagen bajo licencia Creative Commons – (c) 2015 –

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