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“La juventud republicana trabaja en el rescate del pasado y sueña con un futuro sin monarca y con una democracia más profunda e impregnada de los valores del 14 de Abril” 

JUANMA ROMERO | Prensa | Él, ella, acaba de dejar la infancia, se integra pronto en movimientos sociales, en plataformas estudiantiles, en asociaciones de recuperación de la memoria, tal vez recala luego en la organización juvenil de un partido –IU, PCE, ERC, PSOE–, acude a manifestaciones y mítines, colabora en charlas, devora libros de política e historia, ambiciona la sustitución del rey, sueña con una democracia más justa, igualitaria, participativa y laica, luce la bandera tricolor. Él, ella, es joven y quiere que llegue la III República.

Su vida está jalonada por mojones similares. Manuel Bayón, 25 años; Alma Capa, 19; Juanra Ferreira, 29; Gerard Gómez del Moral, 21; Irma Blanco, 34, y Maitane Faturechi, 21, comparten en cierto modo biografía. Todos se sienten republicanos. Y ejercen.

La recuperación de la memoria ha servido para multiplicar el sentir republicano

“Mi abuelo me contaba la guerra, me narraba esa cultura del silencio, cómo no había podido estudiar, cómo había sufrido la represión. Siempre sentí que tenía que entrevistarlo, procurar que su historia no se perdiera”. Esther López Barceló, 26 años, historiadora en paro, comenzó en 2003 su camino de rescate del pasado. Cofundó la Asociación Guerra, Exilio y Memoria Histórica del País Valencià junto al guerrillero Quico Martínez. Investigó sobre el campo de concentración de Albatera (Alicante). Pero después se notó “limitada”: vio que no era esa su única lucha. Se sumó al PCE y a IU, y hoy es su secretaria federal de Juventud. “No entiendo la reivindicación de la memoria sin mirar al futuro. No creo en una democracia real sin la condena real a la dictadura y sin retomar los valores de la II República. No entiendo una democracia real en la que no se elija al jefe del Estado”, señala. “Es llamativo que todavía las leyes lleven la firma de un soldado a quien nadie puede elegir”, sentencia Jaume d’Urgell, barcelonés residente en Bilbao, de 37 años, hoy en el PSOE.

El hilo republicano se despertó también en Carmen Madorrán –navarra, 21 años, estudiante de Filosofía en la Autónoma de Madrid– a través de las Juventudes del PCE vasco y los foros de la memoria. La recuperación del pasado ha funcionado como un valioso motor de la causa republicana en los últimos diez años, sostienen los jóvenes. Pero Carmen, como Esther, cree que recordar 1931 es sólo un punto de inicio. “No podemos quedarnos ahí. Tenemos que rescatar los valores de la II República, pero empezando a hablar de la Tercera, sobre todo con los jóvenes”. Con charlas, libros, manifestaciones, explotando las redes sociales. Ese espíritu pedagógico mueve a Pablo Laguna, de 19 años, organizador de las II Jornadas de republicanismo español de la Universidad de Granada, que concluyeron este martes. Estudiante de Sociología, es portavoz de Encuentros Moraos, un foro de reflexión y activismo. “En la juventud hay de todo. Gente que participa mucho y otra nada. Ves una mezcla de desidia y desconocimiento. La gente no sabe que la República es algo más que quitar a un rey y poner a un presidente”.

Un medio, no un fin

¿Y qué es? Ahí emergen las fisuras. “Somos muchos los que pensamos que la Corona no tiene sentido. Y lo primero que hay que hacer es la sustitución del monarca, el referéndum. Pero luego cada uno tiene su modelo”, analiza Alma, alumna de Filosofía en la Universidad de Valladolid y sin carnet político. Esther cree que hay que ver la República no como un fin, sino como un “medio para conseguir más democracia”. “Lucharé por que se instaure una República socialista, pero primero que se vaya el rey”. Adrián Mozas, militante madrileño de 20 años de las Juventudes Comunistas y estudiante de Ilustración, se remite al “agotamiento del sistema constitucional”, a la necesidad de un “cambio de modelo” en el que la caída de la monarquía es sólo una pieza más. Imprescindible, pero una más.

Los socialistas creen que la sociedad no urge a un cambio en la forma del Estado

“No podemos conformarnos con esto porque sea mejor que la dictadura. Es el siguiente paso lógico hacia una democracia participativa que no consista en votar cada cuatro años. La República está más cerca de lo que pensamos. La sociedad debe evolucionar, forzar al Estado a debatir con la gente”, dice. “Este sistema es heredero del franquismo. No basta con quitar al rey. Hay que depurar responsabilidades y que la sociedad cambie de mentalidad”, añade Maitane, alumna de Historia en la Universidad de Alcalá de Henares y activista, no afiliada a ningún partido. Irma, trabajadora social en paro, miembro de IU, coincide desde Sevilla en que no vale el “formalismo” de reemplazar a Juan Carlos I, por muy “sangrante” que sea su figura y la condición de “súbditos, no ciudadanos” de “muchos españoles”. Eso es “derrotismo”, deduce Adrián.

La óptica diverge entre las Juventudes Socialistas (JSE), cuya filiación republicana perdura. “Como joven de izquierdas que soy, me siento en el deber de defender que todos los ciudadanos puedan votar quién les representa en la Jefatura del Estado. Es más, el sentir republicano es la norma en las JSE –explica Juanra, ingeniero de Obras Públicas y líder de las Juventudes de Extremadura–. Pero la lógica de la realidad hace que no lo lleve al extremo”. Es decir, no urge un “cambio del sistema”, por mucho que esta “democracia deba mejorar en muchos aspectos”. Juanra insiste en que no falta “valentía” al PSOE, sino que se ha de saber “qué piensa la sociedad”, que no cree “prioritario” acabar con la monarquía. “Y cuando llegamos al Gobierno, gobernamos para todos los ciudadanos”.

Para la izquierda alternativa se trata de una “traición”, según define Maitane. “Me trae al pairo que esté a favor o no de la República un partido que gobierna contra los trabajadores y aprueba medidas de derechas”, critica Adrián. Jaume, que años atrás militó en formaciones comunistas antes de volver al PSOE, arguye que no se “comprendería” que se abriera ahora un “debate alejado de la sociedad”. Sí cree que los partidos han de crear “opinión política”. “Y si una idea no goza de suficiente aceptación, debemos preocuparnos para que, de modo sosegado, más gente pueda respaldarla”, añade.

La madrileña Puerta del Sol se convertía en el epicentro del júbilo. Era martes, 14 de abril de 1931, y España amanecía republicana.
La madrileña Puerta del Sol se convertía en el epicentro del júbilo. Era martes, 14 de abril de 1931, y España amanecía republicana.

El movimiento está atomizado, pero puede confluir a partir de la sucesión.

El activismo republicano tiene múltiples caras. No logra borrar la atomización. “Entre los partidos gana el miedo a que se impongan o diluyan las siglas, por eso nos es más fácil trabajar con colectivos”, alega Gerard, 21, estudiante de Periodismo y nuevo líder de las Juventudes de ERC. Para ellos, su ámbito de acción es Catalunya. “Tendremos divergencias con otras fuerzas, pero en lo básico deberíamos ir unidos”. Pablo, en Granada, intenta coser la convergencia, consciente del reto. “Debatimos cómo hacer que izquierda y derecha luchen juntos por la República. Ha de ser posible lograr un apoyo social amplio. Aunque, hoy por hoy, no es posible renunciar a ese republicanismo de izquierdas”.

Carmen aplaude que el movimiento sea “muy vivo, en constante ampliación”, pues, a la larga, todos los grupos confluirán. “La petición de referéndum la compartimos todos, no crea disenso”, abunda, consciente de que el revulsivo puede quedar a la vuelta de la esquina, ante la sucesión de Juan Carlos. “Una oportunidad de oro”, concurre Alma.

El espejo de las revueltas

“Se han encargado de decirnos que es imposible cambiar esta sociedad. Pero sólo hay que mirar las revueltas de los países árabes. ¿Quién lo iba a decir?”, recalca Manuel, titulado en Geografía en Valladolid y sin carnet. Irma rubrica: “Es una crisis del sistema enorme. La realidad nos acabará superando”.

Edu y Naiara esperan juicio tras gritar a los príncipes «¡Viva la República!» en 2006

A veces la lucha duele. Lo sufrieron Edu y Naiara Cabrera, de 30 y 24 años, ambos de IU. Fueron “pataleados, vejados” y detenidos por los Antidisturbios en 2006, cuando en una visita de los príncipes a Móstoles (Madrid) gritaron “¡Viva la República!” y agitaron la tricolor. El proceso judicial aún está en marcha, y la Fiscalía pide para ellos dos años de cárcel y multa de 2.500 euros por “un delito de atentado” y lesiones a los agentes. Naiara ya no quiere hablar. Prefiere que lo haga su hermano: “Aquello la afectó. Fue la peor noche de nuestra vida. No entendíamos que se nos arrestara por hacer uso de la libertad de expresión. Luego yo estuve un año de baja. Perdí el trabajo, y mi padre también. El incidente me reforzó en mis convicciones, pero aún hoy sigo sintiendo el miedo, la angustia”.

Edu, como Gerard e Irma, se siente “heredero” de 1931: “Entonces se votó por la República. No entendemos que hoy, 80 años después, no podamos hacer lo mismo”. Acaba Esther: “Se llama razón democrática, avanzar cada vez más”.

Público

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