Los que vigilan desde el tiempo 33

Juan 2Opinión | Juan Sánchez | No los entiendo, pero comprendo sus ‘argumentos’ para vivir temblando. No voy a mencionar sus nombres, ¿pa qué pijo?, en cada delegación municipal se trova algún elemento de la podrida castufa castañera. Nombramiento, negociado o enchufe tomatero, qué pijo importa todo ello. El temblor se hace estilo de vida por fechas tan próximas a unas elecciones locales. Y es que de los resultados magreados por los unos y por los otros, depende que dichos tembleques sigan chupando del bote otros cuatro añicos de vellón. Por eso, sus carnes tremolan hasta en el lecho matrimonial. Por eso, no van de duros en sus frecuentes visitas al señor Roca. Por eso, andan que no caben en el pellejo cuando se cruzan con algún nominado para pastor de consiguientes borregos. 

Parafraseando a Lovecraft vigilan, sumándose, los cotilleos que apuestan y engrasan la maquinaria de los felones. Y guarrean por las esquinas, y vomitan maledicencias según que candidato les prometa no sé qué cosas u no sé cualas otras. Lo entiendo, pero no lo comprendo. Se me hace tan extraño pero conocido este juego de lametazos y felatrices espasmódicas. ¿Dónde se esconden los hombres libres, seguros de sí mismos, inquebrantables y valerosos padres de familia? ¡Ah la familia!, la familia es el casi todo. Por eso los comprendo pero nos los participo. Por la familia lo que sea. Aunque se tenga que bajar los pantalones y ofrecer la retaguardia en la feria de los rastreros. El armario el pan no tiene compasión, ni los críos, ni la suegra si me apuras un montón.

Somos animalillos de corral. Burritos encadenados a la rueda de la vida. Todo por dos duros para sacar adelante esa prole de borriquillos que tanto ansían. Maniatados por la carne que tiembla cada cuatro años en los colegios electorales. Las promesas son la esperanza, y un voto bien vale la chanza. ¡Aleluya, aleluya! Cada uno con la suya. En cristiano, turco, arameo o cíngaro castellano. Las papas son las papas, aquí y en Tegucigalpa. Promesas, promesas, que talvez se vean cumplidas, o talvez no. En ello va el temblor de comensales y sirvientes. De listos al asalto del despacho y menos listos utilizados para llenar el saco. Carne débil, temblor desesperado en llegando el día señalado. Vamos al Campo Santo, a desfilar detrás del manto, a conseguir estampitas sin calvario, a sujetar el cirio detrás del puerco candidato. Procesión de bocas harapientas, de manos suaves que bruñen, que soban al señor y amo. En fin.

Oh la “sarpeta” al cantar al listo de los marranos, siempre con baba en las manos, siempre por desinfectar. Cantar de este pueblo “amigo”, que todas las primaveras… No surca el mar sino implora, por la elección de esos golferas, que al trepar por la escalera, desde la cruz a la porquera, ya están a punto de trincar… Cuando el jilguero no puede cantar, cuando el poeta es un enemigo, cuando de nada nos sirve gritar, caminante no hay camino, se hace camino al soñar… Que por mayo será por mayo, cuando haga la caló, cuando los pillos despachen la teta del segador. Sino yo triste ‘cuitado’, les veo cual espantajos del amo, sus criados, en la poltrona de los indignos y los vagos, zánganos y lobitos que otros cuatro añicos nos van a despanzurrar…

“El peor arrepentimiento que podemos tener no es por las cosas equivocadas que hicimos, sino por las cosas correctas que hicimos por las personas equivocadas”

Juan Sánchez – 25/3/2015

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