¿El perdón borra la corrupción?
¿Pedir perdón, borra la corrupción?

Juan

Juan Sánchez | Opinión | La política, como el amor, es no tener que decir nunca lo siento; pero últimamente la súplica de perdón “popular” ha germinado cual proceloso reguero de otoñales champiñones en la ingeniosa sombra del pino de la desvergüenza. Todos los partidos están podridos, los ciudadanos hasta los cojones y  más allá… No hay político en ejercicio que esté libre de algún pecadillo venial; dígase distracción de “calderillas” variadas para vicios menores: viajes, juergas, putas, etc, o dígase llevárselo crudo y en capazos esparteros trasnacionales allende las níveas cumbres alpinas hasta la seguridad zorruna de algún banco de neutralidad garantizada, o no tanto. La solución más a la moda es pedir perdón a los estupefactos paisanos y seguir robando a poco que se monte nueva distracción mediática y les dejen a solas en esa tienda de chuches llamada erario nacional, regional, municipal y demás apartijos sin dueño oficial, salvo los ciudadanos de sangre helada ante tanta porquería política que no cesa…

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Miedo da encender el aparato. Miedo y vergüenza ajena con cada nuevo ‘destape’ tan bien entramado. Y luego llega la comedia del perdón, como si nada hubiera pasado, como si el pueblo español fuera una manada de imbéciles que se dejan engañar una y mil veces por los mismos cabrones que le roban la existencia. Perdón, perdón, no volverá a suceder. El culo al aire ante los pueblos, total ausencia de honradez, calzoncillos limpios tras la imputación, pido perdón y el resto me importa un güevo. No pasa nada, pido perdón y voy de estreno… “Borbón y cuenta nueva” (Esto no es mío, lo leí en algún sitio, perdón por el plagio descarado).

Recuerdo aquellas confesiones a pie de reclinatorio en el patio de los pater. Nada de confesionario, ni rejilla para difuminar el rostro pecador. A cara descubierta, el cura soltando vaharadas “clericales” en tus morros e indagando tus delitos contra la sacrosanta castidad. Antes la ceremoniosa y resabida liturgia: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, confesión de palabra y cumplir la penitencia. Y me pregunto si habría de ser obligada dicha ‘confesión’ para todos y cada uno de nuestros cargos públicos. El cura lo elegimos por sufragio nacional, tipo Torquemada y tal, y según los pecadillos del imputado así habrá de cumplir una penitencia a la altura de sus correrías, andanza y porquerías.

Radiografía de la corrupción en España
Radiografía de la corrupción en España

Digamos que si el tipejo, barra tipeja, ha entendido que la vida de millones de españoles no merece respeto ni consideración alguna salvo su condición de acoquinantes sufragantes de su vidorra acaramelada, digamos que sus fechorías han arrojado a miles de familias a la indigencia, y una vida de pobreza y mendicidad, digamos que sus pecadillos y su falta de humanidad han desencadenado esta hecatombe llamada España, sería de justicia pecaminosa una penitencia de similar estatus social: embargo de todos sus bienes, cese vergonzoso y fulminante, juicio sumarísimo y condena inapelable a cumplir en toda la severidad de su eludida responsabilidad. Pero antes, sería embreado, emplumado y expuesto en la picota rediviva para mofa y cumplido resarcimiento de la generalidad. ¡Caparlo no!, seamos civilizados, aunque ellos no lo sean, solo unos cuantos escupitajos en su jeta sinvergonzona y algún certero patadón en la entrepierna. Eso bastaría a más de uno antes de cumplir íntegramente la penitencia impuesta por un tribunal de parados de larga extremaunción, desahuciados y mendigos en espera de suicidio colectivo, jóvenes forzosa-mente emigrados, pequeñas esperanzas famélicas, enfermos olvidados en el desván de los hipócritas privados y ancianos condenados a morir mientras vivan.

“He tenido un sueño”… y en sueños suelo largar: ¡¡hijos de la grandísima puta!!…  Uy dios mío, perdón, perdón, perdón, no volveré a escupir mis sentimientos ni soñar en libertad. ¡¡Cabrones!!… uy perdón, perdón: mea, meo, mía culpa. En fin, cúmplase la penitencia: tres padrenuestros, dos avemarías, un credo casi crudo, rezar el rosario de la aurora y el ángel de la guarda que nos hace tanta falta. Me absuelvo, y ¡como nuevo!… ¡qué descanso, por Dios! (12/11/2014)

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Imagen: Armat de Odelot
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