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img_9465Iris Bernot | VMPress | ” Solo tú puedes conseguir la felicidad”, ” Sé egoísta, es sano”, ” Debes mirar por ti”, ” Los demás no te pueden dar la satisfacción plena”, “no necesitas a nadie para estar bien”…. Son frases que están por todas partes, nuestras pobres retinas están hartas de verlas, nacen como chinches en un colchón mugroso, son imparables. La psicología moderna está llena de libracos con esos mensajes, las redes están plagadas de gente que lanza esos mensajes sin ningún rubor, el mundo laboral está dominado por esas premisas, los espacios cada vez están más adaptados para el individualista extremo, o sea, el que va solo a comer después de haber trabajado durante diez horas seguidas y haber estado las mismas horas puteando a sus compañeros, con su móvil de última generación, y sus cascos con música de dudoso gusto, los miedos y obsesiones mentales crecen cada vez más mientras las consultas de los psiquiatras hacen cada vez más caja con ello y el mapa mundial se va llenando cada vez más de gente que solo piensa en sí misma…

Es un hecho, los individualistas crecen a pasos agigantados y pisan el asfalto de nuestras calles riéndose de nuestra necesidad de compañía y de nuestras debilidades humanas. Piensan que eso les va a salvar del dolor, creen que su manera de pensar y de actuar va a llevarles a vivir en un hedonismo extremo en el que solo van a sentir placer y auto satisfacción, pero el individualismo es una mentira. Sí, lectores, lo digo así de claro: MENTIRA. Nunca he sido de los que respetan mucho la opinión ajena cuando ésta no me convence, qué le vamos a hacer, en esta vida hay de todo, la diversidad es diversión, ¿verdad? …

El individualismo es una gran falacia, un insulto a nuestra inteligencia creado por los poderes económicos para que seamos máquinas de producción y consumo. Para que trabajemos horas sin descanso tenemos que renunciar a tener familia, a tener amigos, a tener piedad por los compañeros de trabajo… Cualquier sentimiento que nos genere la necesidad de buscar la compañía de otros solo genera necesidad de tiempo para dedicar a esos otros, tiempo que no estamos trabajando, y tiempo de calidad con otros que no siempre implica gastar dinero. La soledad es rentable para los amos del mundo, que, para quien aún no lo sepa, son los poderes económicos y empresariales. Si estás solo te deprimes, aunque digas que no, es un hecho, y si estás solo trabajas para pasar el tiempo, y compras para llenar el vacío existencial que tienes.

La soledad y el vacío, fruto de la actitud individualista que se nos impone desde todas partes, es el gran cáncer de esta sociedad. Quieren convertirnos en robots sin voluntad que solo se dediquen a sí mismos para que podamos ser buenos esclavos y compradores. Se aprovechan de nuestro miedo al abandono y al fracaso sentimental y personal y cada vez proliferan más las personas que deciden no intimar con nadie ni tener pareja ni amigos de verdad, y que incluso dejan de pasar tiempo con la familia o las personas que siempre les han rodeado porque no tienen tiempo para eso y porque desde todas partes les dicen que la felicidad solo se consigue por uno mismo, otra gran mentira, y ésta, además, mucho más maloliente que todas las que nos han contado juntas. El ser humano necesita de los demás, sí o sí. El solteron se sienta solo en su sofá y se pone a navegar por las redes a ver si alguien habla con él, el adicto al trabajo mira como la pareja que come a su lado se ríe de las anécdotas que su hijo pequeño cuenta y siente como algo le quema por dentro, el solitario que acude a la consulta del médico piensa en apuntarse a alguna actividad en la que haya gente de su misma edad e intereses, quien sabe, quizás conociendo a otros deje de sentirse tan miserable y deprimido, el señor que discutió con su hija se pregunta si valió la pena ponerse tan cerril al darse cuenta de que va a comer solo otra navidad más, la cuarentona que va a coger el quinto avión de la semana para ir a una reunión importante se pregunta si hizo bien en dejar a su novio por haberle pedido que se quedara con él en aquella ciudad de costa, quizás ahora estaría cenando con él en aquella casa que tenían tan bonita, quien sabe… Era una casa preciosa, el mar era reconfortante, y él era generoso y la hacía reír, ella no habría tenido tanto éxito, pero… No puede evitar pensarlo, y cada vez lo piensa más…

El individualismo es una mentira muy gorda, una manipulación gigantesca. Nadie es una isla. A nadie le gusta sufrir solo por las noches, a nadie le gusta estar solo si puede evitarlo, a todo el mundo le gusta recibir un abrazo cuando sufre, una palabra de aliento cuando se cae, y una palabra tranquilizadora cuando cree que todo se va a derrumbar a su alrededor. Es un hecho, todo el que decide dar algo de sí para estar con otros no sabe lo que es el deseo de suicidarse, todo el que arriesga algo para estar con otros se ve compensado con creces con el tiempo, todo el que vence sus miedos y decide amar sin mirar atrás no se arrepiente nunca de haberlo hecho, incluso cuando le ha salido mal, pues ese tiempo ha sido inigualable para él.

Somos humanos. Humanos hemos nacido y humanos vamos a morir. Somos débiles, fallamos , nos caemos, y necesitamos al otro, ¿ y qué? Eso es lo que somos, y no tenemos porqué ser lo que no somos. No tenemos porque avergonzarnos de sentir las necesidad de darnos a los demás. Por los demás morimos y por los demás vivimos. Que no os engañen, despertad. No os dejéis vencer por los desengaños, siempre hay un mañana y siempre hay alguien nuevo a quien conocer y alguien de toda la vida a quien recuperar. Nadie es una máquina generadora de auto felicidad, necesitamos a los demás. El día que logren acabar con eso habrán acabado con nuestra humanidad, ¿ es eso lo que queréis? Yo no… ¿ Y vosotros?

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