- El señorito -
– El señorito –

Juan Sánchez/Relato.- Partiendo del axioma que en todas las poblaciones de esta asolada España profunda existen elementos que han proyectado su condición de señor, señorito, señorón feudal hasta campar a sus anchas y arrasar la vida de sus ‘vasallos’, comienzo esta serie de breves relatos con la única intención de airear las vergüenzas de estos y estas miserables, sin más pretensión que la mera enumeración y descripción de sus impunes fechorías…(*)

“El Chulo Sinvergüenza” (1)

O sinvergüenza chulo, lo mismo nos da. Todos le conocéis, no se esconde, al contrario, se jacta de serlo. Cochazos varios y tal. Tirando billetes en los morros del pobre: -soy el amo y usted no lo es, ¡jódase! Tapando bocas con plata, poca, los mercenarios están de saldo; comprando voluntades y servicios de alto estanding, sean putas formales o estén en vías de serlo. Sean políticos rastreros o estén en lista electoral para ello. El chulo sinvergüenza no se corta ni una cala. Es más, alardea sin tapujos de haber comprado a tal o cual cargo gubernamental. Y por cierto, el vendido no sabe que está a punto de ser ‘traspasado’ por el amo. Cosas del mundo de los business y eso. Cosa de partida de naipes y sudarios en la penumbra del poder y sus vicios y sus saldos no declarados (Caja ‘B’), inconfesables, ocultos u ocultados tirando de talonario. Cuanto poder y qué poca idea de qué hacer con él; salvo la chulería exigida por el rango: miseria humana obliga, y tal.

Hace muchos años llegue al villorrio. No tardaron en ponerme al día en asunto de mandos; y no te metas en sus dominios, son cosas de señoritos, ya sabes. Chitón y boca sellada para que no entren moscas cojoneras, y tal. Al poco tiempo, supe de un pobre hombre que había acabado con su vida. El labriego se emborrachó con un cuartillo de veneno ‘pal’ campo. Un hombretón de dos metros que lloraba como un crío al ver borrado su futuro, su agua, por la codicia del amo. Cosas de linderos con un pozo de por medio. El amo viejo había ensanchado su ego robando la vida del sin medios. La muerte como única salida. La muerte era vida al otro lado, librando, puenteando al amo y su avaricia. Murió desesperado, ahogado de impotencia, aquel hombretón de dos metros desesperados. Y su viuda, y los jóvenes retoños, fueron ‘compensados’ por el señor de las témporas con cuatro chavos culpables y el ladrido de unos perros expósitos que sentaron prudencia en la justicia, casi siempre tan injusta. Réquiem por esa lluvia que nunca llegase al tiempo.

- Los santos inocentes -
– Los Santos Inocentes – Miguel Delibes

El amo viejo. Que acudía al alba al reparto de cuadrillas. Y se sacaba la chorra y los meaba uno por uno para remarcar su poder, sus dominios. Mediado el día, había el amo necesidad mayor y, amorrado en la mata, calzones gachos, aliviaba su tripa a la par que algún vasallo buscaba el tormo adecuado para tan solemne trasero: ¡ese no, cacho bestia, busca otro, animal de balsa! Culo de linaje reciente, tormos de añosa esclavitud. El campo nunca fue justo; el campo se come la gallardía y los derechos inalienables como quién limpia su mierda con el miedo y el hambre eterna. Los pobres no tienen culo propio, es del amo, y él sabe muy bien cuando azotarlo y cuando dejarlo al raso… Continuará…

(*) – El presente y los consiguientes relatos de esta serie titulada “Rol de Sinvergüenzas”, corresponden al mundo de la ficción literaria; si alguna localización, acontecer o personaje aparecido en los mismos apuntan parecido o similitud con la realidad, será por pura y azarosa coincidencia. (Nota del autor)

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