Mono Esclavo-Currante
FOTO DENUNCIA: Mono Esclavizado

Juan Artic OKJuan Sánchez/Cuarta Columna.

En Tailandia existen unos monos-esclavos, explotados, condenados a trabajar para su ‘dueño’; atados a una cadena, suben a las palmeras para recoger los cocos maduros. El ‘amo’, siempre atento, tensa la cuerda lo justo para que el simio no deje de lanzar cocos a sus pies; y cuando cumple la jornada, el hombre atesora un centenar de frutos listos para extraer la jugosa pulpa con que elaborar el exquisito y muy demandado majar lácteo: la leche de coco es primordial en la gastronomía de aquel exótico país. El mono, por su parte, recibirá alguna pieza de fruta madura en exceso, casi podrida, para calmar el hambre y reponer fuerzas hasta la próxima peonada justo al rayar el siguiente albor…(Maltrato y explotación animal, sin más)

Sigo atentamente el documental del ‘mono cocotero’, e inevitablemente asocio aquellas imágenes con nuestra forma de vida. Podéis imaginar a quienes corresponde el papel de simios en este “negocio” de la sociedad moderna. No las vemos, pero vivimos controlados por unas cadenas inmensamente rudas. Esas cadenas son nuestro propio miedo, desilusión y frustración por una vida ‘simiesca’ de recolectores de cocos absurdos. Es la avaricia del sistema que exige mil veces más de lo mínimo que nos aporta. Subimos y bajamos a la palmera dejando jirones de esperanza en cada trecho numerado. Somos seres de rígidas costumbres, y eso nos da fingida protección frente a la erosión existencial. Un diario vital que impone el sacrificio de la ilusión y la libertad a cambio de un cubículo seguro y confortable.

Hasta ahora el juego había mantenido un equilibrio razonable. Los ‘mandamases’ cumplían lo pactado y al bajar del árbol nos esperaba la bazofia y abalorios  convenidos. Pero es justo su desmesura, la corrupción, la incompetencia y su poder ‘intocable’, lo que ha quebrantado esa prudencia entre ‘monos’ y explotadores del sacrificio. Incluso, llegado el momento de aflojar la cuerda y dar un poco de resuello a la manada indignada, no han podido o no han sabido actualizar su cadena de mentiras para contenerla. Y se les ha ido el momento de las manos. Nos hemos encrespado contra la represión y la desvergüenza en exceso desenmascaradas, muy a su pesar. La mentira institucionalizada ha quedado en evidencia. La inoperancia de estos políticos ‘convencionales’, vasallos del mercader de civilizaciones, urgía una salida al callejón desesperado donde nos habían sentenciado.

Monos recolectores de cocos - Tailandia
FOTO DENUNCIA: Monos recolectores de cocos – Tailandia

Creo que fue Darwin quien dijera que las especies dan un salto evolutivo justo al borde del precipicio. Está ocurriendo en la actualidad. No tenéis más que leer entre líneas de los informativos intervenidos y dirigidos cual marionetas de propio sistema. Dejan flecos indomables que confirman que el miedo está cambiando de bando. Las políticas represoras de los gobiernos hablan de miedo en su cuadrilla. Las leyes que reducen la libertad de expresión hablan de miedo en su jactancia. Los cambios en la forma de elegir a nuestros representantes hablan de miedo en la ‘cumbre’. Las críticas y ataques hacia nuevas formaciones emergidas desde la propia ciudadanía traicionada y avergonzada, hablan de miedo, inseguridad e incapacidad para seguir atando en corto a los ‘monos’.

Estamos inmersos en una revolución social a escala planetaria. Los pilares de negocio mundano de tambalean por necia decadencia y podredumbre. Asistimos a la caída del imperio del dinero, la usura y la avaricia. Justo al borde del abismo, la humanidad ha dado media vuelta y se enfrenta a quienes la negaron. No es un fenómeno focalizado, nacional o continental, es un efecto tsunami que ha de purificar todo el planeta de aquellos seres malvados que hacen, nos hacen, tanto mal. La vida lucha contra la pena de muerte. Esa carnicería de la codicia está llegando a su fin. Ya lo apunté en algún artículo anterior: “Afortunadamente: ¡Evolucionamos!” – 24/9/2014 –

José Luís Sampedro
José Luís Sampedro
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