Voltaire
“Está decidido…”

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Juan Artic OKJuan Sánchez/Cuarta Columna.

Escribir una columna de opinión no es juntar palabras al azar sobre determinada temática de mayor o menor actualidad. Hacer opinión es crear opinión y eso conlleva una enorme responsabilidad siempre que el autor sea persona responsable, que no suele acontecer. Plagado anda el jardín mediático de pulgones que escupen toxinas al viento dominante, sin pararse a medir las consecuencias de sus algaradas más bien de corrala marujera o azafrán impreso. En todo caso, cada cual es un montón de circunstancias en constante ebullición intra-venenosa; vencer la tentación del populismo facilón y asumir el reto de la creatividad, solo está al alcance de algunos ‘locos de atar’. He de confesar mi pecado en ese sentido: en alguna ocasión me he dejado llevar por la víscera ‘pariendo’ ciertos hijos bastardos: culpa mía… Errando se aprende que rectificar es de humanos valerosos; y dejemos a un lado la sabiduría que solo se concede a quienes la dignifican…

Pero existe otra faceta del periodista de opinión que solo algunos son capaces de entender. Lejos de la dieta ‘papillera’ tan intencionada, lejos de la puntada, o putada, hilada al regusto financiero, algunos han optado por conjurar la curiosidad intelectual. Lejos de pasar un texto por la ‘turmix’, se deleitan artesonando renglones, palabras y cuestiones que excitaran la imaginación de aquel lector ávido de componer nuevas cuartetas vitales: desflorar el multi-verso al desflorarse a sí mismo descubriéndose en la amazonía del pensamiento libre. Quizá sea esa la gestión primordial del periodista de opinión: facilitar herramientas primarias para el labrado de la mente inquieta, inquietante, anhelante, emergente.

En un mundo viciado en recibir ‘potitos’ pre-alienados, pre-digeridos para la sumisión, será refrescante una revolución de ingredientes para nuevos cocineros, y que experimenten, laboren y elaboren al gusto de su singularidad. Es la libertad del fuego interno menú imprescindible para nutrir futuras generaciones. Poner en su mira la necesidad de pensar de forma autónoma, es o debería ser prioridad para viejos chef en este horno de humanidades. Y la cosa está bastante complicada, si os fijáis, los ‘pinches’ son meros tragaldabas de esa papilla basura que una vergonzosa mayoría de medios lanzan en su mente, impidiendo que exploren y descubran aquellos sabores y sinsabores del libre albedrío. Burdos trenes borregueros que trasiegan cerebros humanos según convenga a la trashumancia del mercado. Sin más.

Me recuerdo leyendo algún texto quizá demasiado denso para mi juventud. Aún así, siempre acompañaba mi lectura un mamotreto de la RAE; vicio este heredado de un colega de piso en mi épica época de universidad. La utilidad es obvia, muy aconsejable si se quiere tener criterio único y una lectura certera a la vez que masticamos aquellos palabros ‘indescifrables’. Me sorprende mucho algún comentario sobre la ‘criptografía’ de algún artículo. Incluso sé de algún lector que abandona el texto justo al encuentro con una palabra que se le ‘atraganta’. No voy de erudito, líbreme el cielo de bajar al abismo más infernal de la falsa erudición; de maestro de tarugos, tampoco, ni siquiera pretendo pasarme de listillo.

Aquí como en la mili, no se debe destacar ni por defecto ni por exceso, pues te llueven los panes cual hostias minimalistas y la espichas de inanición. Hostias con H, sin hache sería una población romana donde te soltaban un par a poco que criticaras la imperiosa gestión del Cesar, o del alcalde correturnos, ya conócese algún caso. Algo similar a la actual España desde la nueva ley de seguridad ciudadana; ¿o era de secuestro a la libertad de expresión? En fin, al igual y sin venir pero viniendo a cuento de aquel célebre rapto: Helena de Esparta, o de Troya según el momento del relato homérico. Helena con hache, la que formó tremenda trifulca entre griegos y troyanos. Menuda rubia: “La luz que brilla en la oscuridad”. Digo yo, porque me apetece mucho, que sería rubia. En fin, no voy de listo, pero tampoco de rancho ‘papillero’. Ni mucho ni poco, ni pulpo ni manco, ni cerca ni reja, ni pi(n)cha ni torda; término medio, una cosa razonable, que las medidas importan; no creáis todo lo que dice la tele-intención. Ni pena ni gloria, algo correcto, pero naturalmente incorrecto en política ovejuna, cursillos espirituales para abrillantar ‘hojaldres’ o aquella feria de fieras corneadas, aman-zurradas por el hambre… ¿Qué se me ha dio la pinza? Talvez, quizá… pero la pinza es solo mía. Ahí está el truco…

“Quizá cuando todo trascurra, incluso la palabra y el silencio, quede esa zona abierta como una esperanza hacia atrás. Y tal vez ese signo invertido constituya un toque de atención para este mutismo ilimitado donde palpablemente nos hundimos”. Que diría Roberto Juarroz desde su ‘poética verticalidad’.

Pensar y actuar inevitablemente solos. Bucear el abismo interior: llegar hasta esas catacumbas extrañas pero conocidas y encontrar vívidas luminarias allá abajo. Es la fauna abisal que nos habita, que nos exige volver a la superficie atravesando el gusano de la duda: la oscuridad y sus demonios siempre al acecho. Son los monstruos que creamos y combatimos a diario. Es el reto, el secreto: y esa prueba que vinimos a superar llamada “miedo a la realidad”… (Libertad)

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