“Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca.
Boca que vuela, corazón que en tus labios… relampaguea.”

Poesía eterna de Miguel Hernández. Tan actual como cuando fueron escritos, estos versos del poeta oriolano nos advierten la necesidad de no bajar la guardia, no permitir que aquellos que creen estar “al mando” hagan de nuestra bendita tierra un erial rendido por el hambre, la desesperación y la rabia de sus gentes, tan benditas y tan confiadas como antaño. Esta tierra de promesas rotas, de señoritos que cabalgan sobre los cuerpos molidos de la gente sencilla; tierra de hombres y mujeres entregadas en cuerpo y alma, en los restos de una vida prendida entre sueños quebrados y horizontes borrosos por la codicia de aquellos pocos. Miguel, siempre tan actual, tan presente en cada cuna que mece una nueva vida, una esperanza nueva, un mañana incierto en esas bocas chicas amamantadas con lágrimas rojas de una cebolla llamada España. Juan Sánchez-

“Nanas de la cebolla” 

-Miguel Hernández-

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda…

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

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