¿Es el enemigo? Que se ponga... ¡Genial, el maestro Gila!
¿Está el enemigo?… Que se ponga… ¡Genial, el maestro Gila!

JSP Perfil 2 (2)¿Tienes wathsapp? Suelen preguntar cuando doy el teléfono. Pues va a ser qué no, contesto. Y añado, mi teléfono es tontucio rematao, justo para llamar-recibir. El inteligente intento serlo yo, ¡pero no lo consigo, leches! Ahí se acaba el intercambio de  modernuras tecnotontas. Estoy seguro que mi interlocutor/a queda pensando que soy un troglodita, o algo aún peor. La imaginación censora para estos casos, como para casi todos en esta vida tan ‘moerna’ que trajina las entendederas predispuestas a dejarse trajinar por esa tecno-borreguería, es esclava de la promoción de ‘imprescindibles’ para ser feliz según intereses mercaderos que tan pingues resultados desatan en bolsa. Pues no, mejor vivo en directo, ande va parar…

Si, ya, lo sé, soy un gilipuertas que quedó anclado en los noventa y paré usted de contar soplapolleces por el ‘güassap’. Que para eso sirve, principalmente, ¿o no? Como digo, quedé parado en la estación del intercambio verbal, gestual y epidérmico al amor del calor en un bar. Que, por otro lado, siempre viene bien admirar la jeta del contertuliano/a; no por na, por saber si va de frente o se esconde tras un teléfono para largar aquello que sería incapaz soltarte a la cara. El lenguaje no verbal sigue siendo la mejor forma de comunicación humana. Algo que estas tecnologías ultramodernas han minimizando en esa habitación del pánico interior, escondidos para evitar el contagio de algún sentimiento, emoción o crecimiento del intelecto más allá de pulsar cuatro cutres botones. Ah, no, ¡pijo!, que ya no se pulsan botones, ahora se desliza el ‘deo’ por una pantalla táctil y se comparte la última gilipollá o bobería de críos de teta tecnológica, y todos a descojonarse por el ‘güassap’ sin verse la cara. Pues se pierden lo mejor de la sonrisa, la risa o la carcajada. Que llegará un día que ya no sabremos reír o llorar y  tendremos que teclearlo en una pantalla para que nos entiendan. Lástima de tecnología al servicio del oscurantismo, el aisla-miento, el miedo ‘escénico’ y eso…

Además, abundando en tecnología cavernaria, ¡¡¿qué pijo es eso de no coger el teléfono cuando te llaman?!! En su lugar, el propio teléfono, que es igual de joputa que su amo, te manda un mensaje automatizado que reza tal que así: “Estoy en una reunión urgentísima que te pasmas, en clase -de gilipollas, será-, en el cine, fila de los mancos, en el cementerio de cerebros, etc, más luego te llamo”. Y ya puedes llamar al tío setenta veces, sobre todo si se considera un tío importante que te cagas, que no te coge el aparato. Servidor, haciendo un supremo esfuerzo tecnológico, y cabroncete también, que todo hay que decirlo, he creado una plantilla de mensajes -que he descubierto que mi teléfono ‘pué’ hacer esas cosas y más, pero no me sale del pijo usarlas, insisto- he guardado un SMS para los ‘amigos’ incómodos que dice algo así: “¡Estoy paseando al perrito, cuando haga sus cositas te llamo, ¿quieres el zurulloperro ‘pa’ algo?!”, ¡coño ya! Y del ‘amigo’ que te dejó esperando que acabara su reunión trascendental, todo lo más, al cabo de un mes, te aparece un mensaje del tipo: “Estoy muy liado, lo siento, no tengo tiempo para los amigos”. ¡Que me cago yo en la amistad! Lo veis, soy un cavernícola que interpreta las cosas con una guía de teléfonos de papel. ¿Alguien las recuerda? ¿Dónde pijo se han metido aquellos mamotretos? Igual se extinguieron cual brontosauros, igual acabaron alimentando alguna chimenea de algún refugio de invierno. La nieve helada afuera y los corazones de un grupo de amigos se caldean al amor de una buena charla; y un buen chorizo de pueblo a la brasa, por supuesto, regado con el mejor vino bodega de la aldea sin tantos consejos reguladores, ni tantas soplapolleces que se necesitan ahora para saltar una plasta seca en el campo… ¡Soooo!, para  Juan, dices cosicas políticamente insurrectas que no pesarían la arroba de estupidez que intentan vendernos cual suprema sapiencia. Eso si, con mucho güassap, nunca en contacto directo si no media el preservativo de última moda; por lo del contagio de lo que se les pueda ocurrir para vendernos el remedio, y eso. Ya te cagas del pasmo, y luego lo cuelgas en el youtube, lo más visto del mundo mundial, y tal, canal Pascual.

Sabéis lo qué os digo, ¡que voy a actualizar mi teléfono! Y, si no, me actualizo yo, me cambio el chip, reseteo mi conciencia, borro todo cuanto aprendí de mis mayores, siempre tan humanos, cosa que no les sirve para güassa-petardear, pero son muy queridos por cuantos les acompañamos en el viaje. Na, me voy a poner al día y cuando me llame alguno de mis ‘colegas’, le soltaré la frase de moda: “Es que estoy muy liado y sin tiempo para los amigos, y tal” Aunque por otro lado, quienes bien me conocéis, sabéis de sobra que jamás seré así; servidor sabe perfectamente ser amigo de sus amigos: ya caigan zurullos de punta, ya se descuelguen los cielos rasos del Nirvana, ya se pille al reyezuelo del universo local dando por saco al pueblo entero, cosa que ha sucedido en más de una ocasión y seguirá aconteciendo, servidor siempre descolgará el teléfono al amigo. Pero, amigos, amigos de verás, quedan tan pocos que sobran dedos de los pies para contarlos; los de las manos los tenemos ocupados deslizándose por una pantalla táctil para quedar de puta madre con esas risas de virtual conveniencia.

Muy largo se me figura este rollo para güassa-petarlo de una tacada. Desfragmentando colegas, poneros las pilas o mejor quitaros la batería, si no es cierto smartphone, claro, ahí estáis jodidos: ¡no se le puede quitar la batería!, ¿Por qué será?, pensarlo, cerebros tecno-enganchados, y salir fuera del ‘artefacto’. Resetear vuestro ‘hardware’, os va a hacer falta mucho espacio para guardar tantos buenos sentimientos que surgen desde el contacto directo con otro ser humano. Y no tengáis miedo, ya sabéis: “El miedo mata la mente” “El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total” Y así nos quieren, tal que animalitos de laboratorio enganchados al aparatejo controlado por quién sabe qué hijos de mala sarna mental, y tal…

En fin, amig@s, como dijera aquel maravilloso E.T. que buscaba un teléfono para llamar a los colegas del viaje eterno: “Estaré por aquí mismo, ¡Ser bueeeeenos/as!” y ¡Feliz Verano a Tod@s!

"Estaré aquí mismo" - E.T.
“Estaré aquí mismo” – E.T.
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