Puerto de Mazarrón
Puerto de Mazarrón años 60

¡Oh Mazarrón, mi Mazarrón!

“De falta de palabra y espectros de cuello vuelto”

JOpinión/Cuarta Columna/Juan Sánchez.

Que en mi pueblo –Santiago y Zaraiche – Murcia – España  los tíos se visten por los pies, ha quedado más que demostrado. Que un servidor ha sido, mal que le pese en ciertas ocasiones, fiel esclavo a su palabra, hace innecesario abundar en circunstancias o personas con quienes he cumplido rigurosamente. No en vano, mis ancestros me inculcaron desde muy temprana edad que los hombres de honor van a todas partes, que la honestidad se demuestra haciendo uso de ella, que las personas bien entrañadas se quitan el chusco de la boca para obedecer a sus compromisos sin más miramientos, ni argumentos,  que la honradez como brújula fiel de una vida transparente y sin rincón oscuro, donde dar cuartel a esa inconfesable abominación llamada mentira intencionada, escarnio o difamación…

Pero ¡ay! amigos lectores y amigas lectoras, no puedo englobar en esa misma ‘misa de réquiem’, la mía, a ciertos elementos que se han ido ‘manifestando’ en la andadura cual espectros difusos o emboscados diablillos cojuelos, con tan mala pata para este sufridor que han dejado un rastro de babas piojosas y pegajosas en la misma senda donde transito y transitan demasiadas personas, ajenas a esa mascarada llamada cotidianeidad (Política) mazarronera…

Y vosotros, y vosotras, pensaréis: ¿a qué pijo viene toda esta ‘monserga’? Y nos os falta razón. Una ‘confesión’ de intenciones acom-pasadas, deja claro que hay algo ‘enquistado’ en mis entretelas que no me deja estirar la pata. Solo para dormir, ojo, que ya quisieran algun@s que fuera para siempre, pero de momento no les daré ese gustazo. Dicen que no hay peor sueño que aquel que usa de almohada el remordimiento y su secuela de culpa pasada. No es mi caso, ya lo apunté en algún artículo anterior, me sobran razones, y sufrimiento, para dormir a pata suelta cada noche, pero esos traicioneros fantasmas del pasado, sus dentelladas en el corazón de este desprevenido y confiado Juan, se reavivan crepusculares macerados en agrio adobo de incredulidad e irresoluta comprensión.

Cosas mías, de mis idealizadas relaciones humanas y de mi candidez genética. Debo tener algún gen defectuoso; el de aquellos que no vemos venir la maldad: el gen de la confianza ciega y la presunta buena fe de todos los demás. Un defecto que, a estas alturas de la ‘cosa’, hace imposible la recombinación de mi genoma para inyectar un poco de mala leche avizora en mis entendederas. No tengo solución, ¡lo se!, y eso no me duele tanto, me duele mucho más la ‘tradición’ (Traición) de aquellos espectros viciados en seguir jugando a dar por saco a sus vecinos, sangrarlos y encima reírse de ellos. Eso no solo me duele, además ¡me jode bastante!…

Mazarrón Semana Santa 1955
Mazarrón Semana Santa 1955

– ¡Oh Mazarrón, mi Mazarrón! –

“Mazarrón, mazarrón, mazarrón, sinfonía de trompetas disonantes en la noche que no acaba. Mundo de oquedad y desvarío de tus endiosados mandamases. Mazarrón, pueblo de las mil y una noches en vela. Velas para alumbrar el sol que más calienta, a los que siempre calienta. ¡Oh Mazarrón, mi mazarrón! nunca fuiste mazarrón de poetas. Fuiste cuna de esos vientos necios que desbaratan la esperanza y la gamella…”

“Cuanto queda de ti en esta última playa, cuanto de tantos que marcharon a otra tierra. Y Mazarrón llora el color de sus lomeras, y no sale de fiesta para celebrar la siembra. Mi mazarrón, este que solo resta en duelos de años felices, entre desidia y celos de quien ríe los deslices”.

“Y ahí estás para el sepelio de la voz que ya no suena. Y contigo marchan tantos, al compás de esas sordas ‘almenas’. Mazarrón, mi mazarrón, el que dejó perder la noria de sus caballitos de feria, de alegría en  la calle, de críos jugando en tu portal de arena recia. No seré yo quien sacie el ansia del poder y sus quimeras; no será nadie quien venga a verte cuando ya no sirvas ni para estera. Ni chicha ni limoná, ni cazuela de pescadería fresca. Palabras, palabros, palabricas ralas, promesas, ¡demasiado caras nos salen esas promesas!. Incomprensibles patrañas, dimes y diretes enredan tus entrañas, Mazarrón”.

“Señores del grajo negro a tus sueños se encaraman, Mazarrón, se nutren en tu sangre láguena, se hacen fuertes en sus ‘ansias’. Brunos senderos para el corazón que solo sabe de negruras y desgreñadas ratas. Y tú, mi pueblo adoptivo, te retuerces en la sepultura de los buenos sin un mañana, sin tus hijos con nuevas sandalias para trepar hasta la esperanza renovada. Mazarrón, ¡mi pueblo!, que pena me das cada mañana; cada albor que ando tus calles y tus plazas. Cada siembra que agostada muere, cada lágrima añejada. Cada niño que se ahoga en su piel, tu hiel, sin alborada”.

“Un grito que huye preso en la misma carcajada; de aquellos que creen ser tus dueños, de los que nunca serán tu alma. ¡Oh Mazarrón, mi mazarrón!, este al-mazarrón que yace entre vida y ensoñaciones olvidadas”.

Y esto que sigue va para todos, pijo, para ¡todos!:

A ver si vamos tomando un poquito de notita, señores mandamases, mandamasillos y lameculos adyacentes. Que nuestro pueblo está muerto, ¡pijo! Y ya empieza a echar peste por todos los rincones de España… a ver si tomamos notica y nos ponemos pilas alcalinas, que no alcaloides, ¡eh!, y empezamos a sudar las perricas que tanto cuéstale ganar a este Mazarrón seco, reseco y exprimido por la necedad, incompetencia y cerrazón de tanto sacapanzas con o sin mando: “Si cada ‘partidico y repartidico’ barre su acerica, ¡la calle estará mu limpica!”. Punto.

Mazarrón - Mina Santa Ana
Mazarrón – Mina Santa Ana

Saludos para casi tod@s

Anuncios