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Martí Caussa / Viento Sur/Opinión.

En los años anteriores a la última crisis el crecimiento económico de Almería ha sido presentado como un milagro y se ha dirigido la atención sobre una serie de aspectos que lo confirmaban. Pero hay también un lado oscuro. Si se observa el conjunto, el caso de Almería puede servir de parábola sobre el tipo de desarrollo que está generando la gestión neoliberal de la economía.

Con los indicadores económicos tradicionales, el calificativo de milagro para el crecimiento de Almería se justifica tanto por la intensidad del mismo como por su originalidad. Durante la mayor parte del siglo pasado Almería fue la provincia más pobre de España, pero desde mediados de los años 70 inició un proceso de crecimiento económico que se aceleró a raíz de la entrada en el Mercado Común Europeo (1986) y que, antes de la última crisis, había conseguido que su PIB por habitante fuera el más alto de Andalucía y se situara en la zona media de las provincias españolas: en 2008 su PIB por habitante era el 85,6 % del español y ocupaba el lugar 29 entre las 50 provincias.

Por otra parte, este crecimiento era muy original: su motor era la agricultura de invernadero (y no la industria) y las protagonistas del mismo eran familias campesinas con explotaciones relativamente pequeñas (y no grandes propietarios o empresas capitalistas). Aún hoy, la mitad de las explotaciones tiene menos de una hectárea y suponen la cuarta parte de la superficie total de cultivo; las explotaciones mayores de dos hectáreas ocupan el 37,3 de la superficie/1. Estos invernaderos, que son conocidos como “la huerta de Europa”, forman un “mar de plástico” de unas 30.000 hectáreas, que tiene su centro neurálgico en el municipio de El Ejido, penetra en Granada, tiene un segundo centro en el Campo de Níjar y, en conjunto, forman la obra humana más visible desde un satélite espacial. Al lado de los invernaderos se han ubicado empresas multinacionales de semillas, comercializadoras de hortalizas, empresas de transporte, fábricas de plástico, etc.; se ha configurado un cluster productivo, con una relación y comunicación constante entre sus componentes, que ha permitido reducir los costes de producción, crear una dinámica innovadora y generar una acumulación de conocimiento.

Desde finales de los años 90, cuando el milagro era ya una realidad consolidada, se fueron produciendo una serie de cambios importantes. Se produjo un relevo generacional y el titular de la explotación se fue convirtiendo en el gestor de su finca, su familia se fue desvinculando de las faenas agrícolas, dedicándose al estudio, el comercio, los servicios o las tareas domésticas. Y el trabajo de la tierra estuvo cada vez más protagonizado por inmigrantes extranjeros, a diferencia de los primeros años del desarrollo de la zona en que la base era el trabajo familiar y los inmigrantes provenían de la propia Almería o de las provincias cercanas.

Por otra parte, se ha ido ampliando la superficie cultivada por cada propietario y la producción se ha hecho más dependiente del suministro externo de semillas, de la dotación tecnológica, etc. La tierra se ha ido convirtiendo en uno más de los componentes necesarios para los cultivos intensivos y éstos se van pareciendo más a una fábrica agrícola que a un invernadero tradicional. Una de las consecuencias es que en cada campaña el agricultor debe pagar más para obtener los mismos kilos y que los gastos corrientes pasaron de suponer el 48% de los ingresos en 1990 a un 63% de los mismos en 2000.

La actual crisis económica ha afectado muy gravemente a la economía almeriense: su PIB por habitante ha retrocedido al 74,3% del español en 2011 (una caída de más de 11 puntos respecto del 2008) y su posición relativa entre las provincias españolas ha pasado al puesto 45 (una pérdida de 16 posiciones). Pero más allá de este descenso, que puede ser coyuntural, hay unos factores estructurales que componen el lado oscuro del milagro.

Los costes ecológicos

La agricultura intensiva almeriense basa su funcionamiento en la utilización y degradación del patrimonio natural local, tomando del mismo gran cantidad de recursos de forma gratuita y no asumiendo los costes de su reciclado o reposición.

En un estudio del año 2005/2 se destacaban los siguientes problemas: 1) sobreexplotación del acuífero, que afecta tanto a la cantidad como a la calidad del agua (ya en 1984 se consideraba sobreexplotado); 2) alteración del paisaje, incluso en zonas protegidas, a causa de las extracciones de tierra y arena para los invernaderos; 3) deposición incontrolada de residuos agrícolas, que se convierten en un depósito de plagas y enfermedades que después se introducen en los cultivos; 4) ocupación de áreas de interés ambiental y degradación paisajística; 5) invasión del dominio público hidráulico por instalación de invernaderos en el lecho de torrentes; 6) construcción rápida e incontrolada de invernaderos, que no ha permitido una ordenación del territorio, ocupando zonas de carreteras y sin espacio de transición entre lo urbano y lo rústico; 7) falta de espacios para permitir la ventilación de los invernaderos, problemas para evacuar las aguas pluviales y falta de espacios libres donde ubicar infraestructuras y servicios; 8) creación de un desequilibrio poblacional, con la concentración de personas en algunas zonas del litoral y su abandono de las zonas del interior, lo cual dificulta la lucha contra la desertización.

Hasta el momento no ha habido una atención seria a estos problemas y existen tendencias a una huida hacia adelante. Así, frente al problema de un consumo de agua superior a la aportación natural, no se ha optado por limitar el consumo frenando la extensión de invernaderos, sino por conseguir más agua a costa de inversiones públicas. Por ejemplo, el PP había lanzado el proyecto de construir una “autopista del agua”, que consistía en conectar toda la provincia a través de conducciones para distribuir el agua que debía llegar del trasvase del Ebro. Y actualmente está en marcha el proyecto de abastecer comunidades de regantes a través de la desalinizadora de Carboneras.

Los costes humanos

La agricultura intensiva de Almería necesita desde hace años una gran cantidad de personas inmigradas extranjeras. En el año 2013 el porcentaje de extranjeros en España era del 11,8 %, en Almería del 21% y en El Ejido del 32,2 %. Pero lo importante no es el número sino la situación en la que se encuentran, y ésta es especialmente grave. Ubaldo Martínez Veiga la describía en los siguientes términos/3“los trabajadores no tienen una relación laboral estable con un empresario, sino que rotan y cambian continuamente de patrono…Cuando se produce la rotación, la primera [unidad productiva] se desentiende absolutamente de los trabajadores y así sucesivamente…Existe un proceso de externalización continua de los trabajadores, sin que realmente “pertenezcan” a ninguna unidad productiva, lo que provoca que se encuentren en un estado de precariedad y contingencia absoluta…Aunque los trabajadores inmigrantes sean absolutamente necesarios y trabajen por un periodo muy largo, por lo que el empleo debería ser considerado como fijo…[son] considerados perpetuamente como trabajadores que ‘pertenecen al vecino’”.

Además los trabajadores extranjeros son víctimas de la xenofobia y el racismo de una parte de la población. El ejemplo más grave de ello fueron los acontecimientos de El Ejido en los primeros días de febrero del 2000, durante los cuales muchos inmigrantes magrebíes fueron perseguidos, insultados y golpeados, y vieron como sus casas, coches y negocios erran quemados por una muchedumbre española, en respuesta al asesinato de tres personas a manos de dos marroquíes. Un estudio realizado diez años después, en 2010,/4 considera que “en la actualidad se están produciendo elementos similares a los ocurridos en los inicios del 2000, o lo que es igual: preocupante situación económica, discurso inmigratorio negativizado, tanto en la agenda política como en la mediática, continuación de los problemas de segregación residencial, etc., que vuelven a crear un ambiente y/o opinión xenófoba, mas después de los acontecimientos del 11-S y 11-M… En consecuencia se evidencia que lo ocurrido en febrero de 2000 no solo fue un hecho pasajero, sino que existe un importante caldo de cultivo… [aunque ahora] las manifestaciones discriminatorias –e incluso agresiones– se producen a nivel individual, apenas saliendo a la luz pública”.

El auge de la derecha extrema

Coincidiendo con los cambios ya señalados a finales de los años 90 se produjo también un cambio en las orientaciones políticas de la población de Almería. Desde las elecciones generales de junio de 1993 el PP empezó a recortar distancias con el PSOE (y lo sobrepasó ya en El Ejido), lo superó en marzo del 2000 y en noviembre de 2011 el PP obtuvo el 57,6% de los votos de la provincia (66,6% en El Ejido) por 29,88 % del PSOE (20,51 en El Ejido).

A nivel municipal Juan Antonio Enciso fue alcalde de El Ejido desde 1991 hasta 2011, primero por el PP y, a partir de 2005, por el PAL, un partido todavía más xenófobo y derechista. La prensa ha ido recogiendo un amplio repertorio de frases racistas pronunciadas por este alcalde: “A las ocho der la mañana hacen falta más inmigrantes y a las 8 de la noche sobran todos”.Una constante suya fue relacionar la inmigración con la delincuencia: “Llegan en patera, sin nada y acompañados por el traficante de turno”. Pero la final el acusado formalmente de delincuente resultó ser él: en 2009 fue detenido junto a otras 19 personas, acusado de estar al frente de una red empresarial que malversó 150 millones de euros del erario público.

Esquilmar y degradar los recursos naturales, explotar y negar derechos elementales a las personas inmigradas, escorarse hacia la derecha extrema y la corrupción, forman parte del lado oscuro del milagro económico de Almería. Quizá en los próximos años asistamos de nuevo a una recuperación de la economía y al aumento del PIB por habitante. Costará mucho más reparar los daños causados al medio natural, conseguir que los inmigrantes tengan igualdad de derechos económicos, sociales y políticos, y derrotar las políticas y los comportamientos de derecha extrema que son ahora mismo hegemónicas.

Notas

1/ http://www.revistaestudiosregionales.com/pdfs/pdf1155.pdf

2/ J. Molina Herrera, “Claves para la interpretación del modelo económico de la provincia de Almería”, en La economía de la provincia de Almería (2005): http://www.publicacionescajamar.es/series-tematicas/economia/la-economia-de-la-provincia-de-almeria/

3/ http://www.revistapueblos.org/old/spip.php?page=imprimir_articulo&id_article=1138

4/ http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-14352010000100006

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article887

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