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JJuan Sánchez/Cuarta Columna/Social.

“Como hemos cambiado”. Comentaba esta misma mañana con un compañero de café y cabreo matutinos. Aquellos lejanos años de la infancia parecen haber quedado prendidos del tendedero del tiempo tras una intensa colada con lejía y lejanía en una memoria esterilizada por esta modernidad, rasante y atontolinante, donde vamos quedando muy pocos ‘guerreros del tirachinas’ y velocípedo antecésor de la mountainbike.

¿Será lo mismo tirarse toda la tarde en la calle con tu cuadrilla de ‘tunantes’, bocata choped o chorizo cantimpalo en la mano, viviendo aventuras mil, siempre espontáneas, nacidas desde una imaginación repleta de inquietud y curiosidad vital? -Decía servidor, entre sorbo y sorbo de café au lait, al filo de las ocho y nublado-… ¿Será lo mismo montar campamento y trinchera para la guerra a pedradas trapaceras, que pasarse el sábado sabadete aporreando teclas en el diabólico Whatsapp o en la opiácea idiotizante videoconsola? Ande va parar, -replicaba el compañero- ¿Y los ilustrísimos y educativos cardenales del tormo certero en el costillar, qué? ¿No eran más pedagógicos que los callos y sabañones en el dedo pulgar de los mozuelos a la sombra de esta actualidad? ¡No me jodas, ande va parar! A la siguiente escaramuza de gamberretes con ‘estiradera’ (Así se llamaba el tirachinas en las islas canarias de mi infancia), ya te asegurabas de no dejar ni pizca de sesera al descubierto tras la endeble pero efectiva barricada de cartón piedra. ¡Que cacho bestias! -Dirá alguno, barra alguna-. ¿Seguro, barra segura? -responde servidor-

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Hoy en día, si un zagal sufre un ataque de demencia absoluta y se lía a pedradas con su coleguita de juegos, y si tiene la mala suerte de acertar en lomo infante, no me veas la que se lía. De momento, llamada a las fuerzas de seguridad de un estado de gilipollas consumados: nosotros, los presuntos adultos. En segundo lugar, se exige la intervención inmediata de los geos, las compañías de operaciones especiales (COES), los antidisturbios más curtidos en la guerrilla contra la libre expresión de la ciudadanía, e, incluso, se ha dado el caso de desplazar la unidad de emergencias del ejercito (UME) precedida por una nutrida representación de la Brigada Brunete, con sus modernísimos acorazados de tipo ‘Leopard’ teutón: ¡¡Sieg Heil!! y cierra Europa. Además, según me comentaba el colega, se pensó en alertar las unidades de intervención inmediata del ejército del aire: Tomcat F-14 de Torrejón, Harriers de la armada, los Mirage F-1 de Albacete, y unos aguerridos infantes de marina, el porta-aeronaves Príncipe de Asturias reactivado para tal urgencia transnacional, custodiado por una flotilla de submarinos SSBN Akula-Typhoon de la antigua URSS embargados por la OTAN, con base ultra secreta en puerto piojo’, Cartagena.

Submarino-Dmitry-Donskoy-Typhoon
Submarino-Dmitry-Donskoy-Typhoon entrando a ‘Puerto Piojo’

Lo que más me duele -ahora en serio. Lo anterior también podría serlo-, es que estamos ‘encapullando’ a nuestros chavales tras la frontera de una contra-socialización muy jodida de revertir. Tan jodida como que nada de esto se hace de forma aleatoria. Muy al contrario, todo obedece al plan trazado contra nosotros –¡Sí, paranoico por los cojones!- por esa macro-industria de fabricar billetes, y gordura en las acciones bursátiles, y sanear los resultados de unas empresas necesitadas de crecimiento constante para mantener este flujo de aire malsano, viciado de codicia y mentira económica, del mundo actual. La gran burbuja del consumismo que, en si mismo, encierra el inmenso vacío sembrado en nuestros chavales. Entretener unas mentes ‘azopencadas’, atarugadas por la ‘cultura’ de la incultura y la formación justa para maniobrar los mandos de una tecnología borreguera. Nada de cultura general, nada de arte, de historia, de geografía, nada de idiomas salvo el de los negocios, nada de contacto exterior, de intercambio de civilizaciones y riqueza en humanidad, nada de lectura aventurera, ni isla con pirata y un tesoro llamado imaginación. Nada de nada salvo una habitación oscura, la pantalla de un ordenador o consola, que inyectan en la mente del chavalín ínternauta todo cuanto ‘necesita’ para ser ‘feliz’ en un mundo globalizado de desdicha y consumo sin freno ni marcha atrás.

Adicción a las redes sociales
Adicción a las redes sociales

Ya veo al los padres guarda y custodio del crío pelándose el culo en sabe dios que curro en precario, y suerte de tenerlo, para atender las ‘exigencias’ de la publicidad inyectada en la mente del muchacho, que le obligan a comprar lo mismo que su vecinito de cueva y pantalla táctil, o de lo contrario nunca podrán realizarse cual ‘Orugos’, orugas, dentro del capullo de un ser humano que jamás saldrá a la luz del mundo real. Punto.

Wifi

24/2/2014 – Juan Sánchez.

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