Morpheus - Matrix
Morpheus – Matrix

JJuan Sánchez/Cuarta Columna/Opinión/VMPress.

Un título extraño. Quizá resulte incluso tenebroso, lúgubre, de mal gusto y humor espeluznante y escabroso. No hay para tanto en que los zombis se rían, lo que pasa es que se han encasillado en un rol que no les hace justicia. En realidad, no son lo que pintan en Bolywood, muy al contrario, conviven y se desmadran cada día entre nosotros. Solo hay que saber dónde mirar para observar su evolución: pupación, crecimiento y consumación de la condición alienada-alineada del Zombi. Cada uno de nosotros incuba un muerto viviente en su interior. Es la voraz historia que me obliga a escribir desde este cementerio del mundo real…

He llegado a una conclusión: “Vivimos en un mundo creado por dioses cabrones para que los cabrones vivan como dioses. El resto somos zombis”. Un aforismo de los que tanto gustan en Twitter que nunca será colgado en ninguna red. No por nada, simplemente por su corrosión a la melodiosa argamasa intersticial que tanto nos conviene entre crímenes a esa presunta humanidad. A cambio os contaré cómo he llegado a la certeza de nuestra naturaleza de muertos en vida. Morir por dentro para vivir muy cómodamente en esta sociedad tan dada al municionamiento con pólvora mojada, y tirar la piedra y esconder la mano, sin infectarse de realidad. Dejarse arrasar por la corriente dominante aunque dicha escuela nos gradúe inevitablemente en irnos a hacer puñetas. Y todos tan campantes. Cojonudo, tú.

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Matrix: Red – Blue

Pensar, vivir, soñar, o ser un zombi modélico. He ahí el dilema. Lo inmediato y reconocido es seguir al cabronazo del Vicente. Dónde va a parar, menuda diferencia. Que si te pones a pensar por tu cuenta corres el riesgo de sacar conclusiones contrarias al barbuquejo general, incluso podría darte un ataque agudo de vergüenza ajena y salir gritando a la calle cual poseso insurrecto. “Bienvenido al mundo real” alertaba Matrix. Ahí empezaba a ponerse jodidillo el asunto, verdad. Además de ser una empresa tan cansada. No merece la pena el esfuerzo para ver aquello que se nos oculta. Mejor hacerse el sordo, ciego y poner la mano delante de las belfas para que no sepan quién toma la palabra y protesta. Y si llovieran, que suelen diluviar, pesquisas, purgas y caza de brujas, mejor mirar al suelo, o al cielo encadenado, y dejar que sea algún pringao el que reciba los estacazos del sistema. En todo caso, si la ‘r-evolución’ resultase, ya nos apuntamos al nuevo orden mundial y develamos nuestra participación desde las sombras de la interina cobardía. Un ejército de cadáveres exquisitos para poner una pica en el zurullo del perro del hortelano. Más o menos. Que si graznan tizonas desde las altas hogueras, ya sabemos que nos cogerán muy lejos de las represalias, o con el cerebro desconectado, o con los ojos morados y la salivilla en esos morritos invertebrados de palabras del zombi estándar-subestándar: “El zombi al que usted llama está cagadito de miedo en este momento… deje su mensaje políticamente correcto”

Entonces llega la risa boba, ignorante, con intención de estercolero en putrefacción. Esa carcajada cainesca, tras el tercer canto del Gallo de Morón, en la frontera entre el propio asco y la recompensa por haber salvado el culo desesperado. La sonrisa falsa que traiciona cada esperanza imprevisible, cada ilusión archivada por falta de imaginación. Es la sonrisa del zombi que rebulle en aquiescente tranquilidad de deserción. El ser humano vomitado por su zombi. La nausea de verse reflejado en otro zombi cercano e igualmente cómplice complaciente. Talvez no sea tanta la cobardía como la bastardía del involucionista. Saberse incapaz de la generosidad y compensar la frustración con tirrias hacia el valeroso. Ese pecado que hace patria y revienta futuro por pura envidia, hace aflorar siglos de revancha del ‘beligerante pasivo’ contra el ‘guerrero por la paz’. Es la sonrisa resumen del inframundo cavernoso del zombi: un colmillo desde la oscuridad…

Tú decides...
Tú decides…

“Las batallas hay que darlas por el mero hecho de darlas”José Luís Sampedro-

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