El observatorio de Dinámica Solar de la NASA captó el 8 de noviembre la formación de una erupción solar de clase X. NASA/SDO
El observatorio de Dinámica Solar de la NASA captó el 8 de noviembre la formación de una erupción solar de clase X. NASA/SDO

Internacional/Ciencia/Medio-Ambiente.

Cada 11 años, el Sol se da la vuelta. La polaridad de su inmenso campo magnético se invierte entre su polo norte y su polo sur. Es una de las manifestaciones más sorprendentes de los ciclos solares y el fin del actual, el máximo del ciclo 24, está a punto de llegar. Los científicos no saben exactamente cuando, pero la proliferación de llamaradas solares de máxima intensidad en las últimas semanas indican que está a punto de suceder. Sus consecuencias sobre la Tierra no están claras…

El Sol, como si fuera una gigantesca dinamo, crea a su alrededor un enorme campo magnético mientras gira que alcanza a todo el Sistema Solar. Una de sus manifestaciones es la aparición de manchas solares en las cercanías del ecuador de la estrella. Se trata de áreas de un intenso magnetismo que proliferan cuando cada ciclo solar llega, como ahora, a su máximo.

En un mecanismo que los científicos aún no han descifrado del todo, el cambio de polaridad coincide con la proliferación de manchas solares en la superficie del Sol y el fenómeno de las erupciones solares y eyecciones de masa coronal. Cantidades enormes de calor, energía, partículas y magnetismo escapan del Sol y llegan hasta más allá de Plutón, en los confines del Sistema Solar.

Este triple fenómeno de magnetismo, manchas y erupciones provoca un efecto dominó del que no escapa la Tierra. La inversión de los polos magnéticos del Sol afecta a toda la heliosfera, es decir la zona bajo el influjo del viento y magnetismo solares y que marca la frontera con el espacio exterior. Una de sus consecuencias directas es que podría provocar un mayor número de tormentas espaciales alrededor de planetas como la Tierra. Además, el magnetismo de la heliosfera es el escudo que protege de la radiación de los rayos cósmicos al Sistema Solar como si fuera una burbuja.

Pero el verdadero peligro puede venir de las manchas solares. De ellas surgen intensas erupciones que, cuando consiguen superar la barrera magnética que rodea el Sol, provocan una eyección de masa coronal hacia el espacio. Se trata de la liberación de astronómicas cantidades de energía  y otras cantidades igual de astronómicas de partículas.

En esta imagen, la NASA quiso comparar el tamaño de una erupción solar de 2012 con el de la Tierra. NSA/SDO

Desde el verano pasado, y en especial las últimas semanas, las erupciones solares se han multiplicado en cantidad e intensidad. Desde el 23 de octubre, se han producido casi una decena de erupciones de clase X. Como ocurre con los terremotos, en esto existe una escala logarítmica, no lineal, que mide la intensidad de una erupción. Compuesta por las clases A, B, C, M, y X, para cada clase hay también una progresión lineal que va del 1 al 9. Las dos últimas erupciones, en la segunda semana de noviembre, han sido de clase X3.

Lo peor podría estar por llegar. Según ha podido captar el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA, en los últimos días se han formado dos nuevas manchas solares en el lado sur del ecuador del Sol. De cualquiera de ellas podrían surgir nuevas erupciones solares en los próximos días.

En condiciones normales, lo más que puede provocar la llegada de su aliento solar en la Tierra son auroras polares o la prohibición a los aviones de que sobrevuelen los polos. La atmósfera y la propia magnetosfera terrestre neutralizan el impacto magnético o la radiación de rayos ultravioleta. En el espacio más cercano, los astronautas deben evitar cualquier paseo espacial y los satélites pliegan sus paneles.

Pero, aunque no pasen las partículas más dañinas, en ocasiones se puede generar una tormenta geomagnética que degrada las comunicaciones y sobrecarga las redes eléctricas. Una de estas tormentas  provocó un apagón en buena parte de Canadá en 1989 y la más intensa de los últimos años, en 2003, afectó a la señal del GPS hasta el punto de provocar la paralización de varias operaciones militares de Estados Unidos. Ésta casi coincidió con el máximo del ciclo solar precedente. Según los registros, la más intensa tuvo lugar en 1859 (el evento Carrington). Dejó fuera de juego las redes de telégrafos, achicharrando muchos de ellos y otros aparatos seguían funcionando aún después de haber sido desconectados. Hasta en España se vieron auroras.

Sin embargo, la ventana de oportunidad para que algo así vuelva a suceder es muy estrecha. Además de que en aquella ocasión coincidieron dos erupciones casi simultáneas, lo hicieron cuando la tierra estaba en su línea de trayectoria. En cuanto el cambio de polaridad de los polos solares se haya completado, el ciclo solar se reiniciará y, a medida que llegue a su mínimo, las manchas solares serán menos frecuentes y, por lo tanto, también el riesgo de una gran tormenta solar.

Cuartopoder.es

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