"Aquí los colegas: Rajoy,  y Rubalcaba; echando unas risas"
“Aquí los colegas: Rajoy y Rubalcaba; echando unas risas”

JJuan Sánchez/Opinión/Cuarta Columna/VMPress.

Desde luego, desde siempre y para siempre, este país de chorizos, zambomba y pandereta, no sabe ni dónde tiene la mano diestra, y menos ubicada anda la izquierda, sobre todo cuando se habla de voto o ideología. Siempre repescados de la miseria y la ceporrería, por allá por la parte de las gónadas de esos mismos monos que mismamente nos mangonean. Esta chapuza histórica de pegote yeso y pajas en la sesera para enfrentarse a huracán social que se nos vino encima. Este puto país de gilipuertas con ínfulas de señorito de tócate el pijo María Manuela, no va a salir jamás, oídme bien Marianicos y Alfreditos, ídolos caídos de masas agilipuertadas por la bobería del ande yo caliente y que se joda el resto la gente, jamás saldrá del pan tumaca, la morcilla Burgos, el ajo colorao, la pringá, el lacón con grelos, el morcón huertano o el cocidito madrileño, o el ¡arre, lucera mía! ¡juuurria! ¡tiiiiira!…

De pueblo, somos de lo más cerril de cada pueblo. Nos puede la envidia, el sacar la panza, el tirar la piedra y esconder la mano. La vileza y el cainismo, el vender las tripas de nuestra santa madre al mejor postor entre miserables. Aquello de importarnos un pijo soslayado que los vecinos estén muertos hambre, ¡que risa, y jódete!, aquello del algo habrán hecho. No tenemos mayor aspiración que roncar a pata suelta en el chalete la playa. Llevar a la parienta a freírse al borde del charco de moda,  mientras nos tiramos el pingui en el chiringuito manolo, que resulta ser el que más sabe de esta aldeucha internacional llamada España.

Nos creímos el cuento la lechera que tan hábilmente endiñaron en nuestro ADN. Nos vimos señoritos, señoritos, y nos gustamos. ¡Cojones, cómo nos gustamos! Nos lo merecíamos. Pero pijo, si somos los mejores: ese peazo buga llevaba mi nombre antes de salir de fábrica, ya te digo. Ya verás la carabobos que se les va a poner a los del pueblo. Menudo soy yo, ¡un triunfador!, de los gilipuertas triunfadores de toda la vida paleta. Alta tensión arrogante, inteligencia nula, pelotazo expreso, trompazo seguro: ¡RIÁN! (Expresión muy usual en el archipiélago antes afortunado, ahora tan jodido como el resto).

El tonto útil, eso somos. No da para más. Nos tienen calados hasta la cencerreta. Jamás tuvimos un sentimiento de nación. Solo de facciones cerriles dentro de otras facciones aún más brutas. Sectorización conveniente y alentada por este poder traidor, vende pueblos, que nos roba hasta la asaura y se esconde tras la rencilla, alimentando la división, para arrimar el interés a la sardinica fresca de sus captores. Un poder vendido desde siempre a la ambición personal de quienes lo ejecutan. Nada de entrega y voluntad de servicio, eso no renta más que problemas en el bolsillo. Mejor el trato burrero, el gitaneo y la burla en esa tasca llamada parlamento.

Somos el pueblo tonto, útil. A nadie escapa nuestra ‘utilidad’ salvo a nosotros mismos. Cornudos y apaleados, somos los últimos en enterarnos de qué pijo va este puñetero juego. Dúdaslo lector, pues mírate depositando un papelico en esa zafa del cachondeo. Urna, votación y circo mediático para hacer lo contrario de lo prometido. Y aún seguimos acudiendo en masa borreguil al circo electoral. Aún, y por siempre, seremos timados por esos burladores burlones: que se descojonan en nuestros morros, vamos… Apátridas con visa para la usura, para vender la vida y el trabajo de la nación según cotización bursátil, según movimiento pendular del zurullo al caer desde el congreso ‘los imputados’. Que se nos cagan encima, pero no pasa ná. Cojonudo, manolo, tú si que sabes. Pónganos otra ronda, Rosarito, que se nos va calentando el pico. A dormir la revolución (Mona) a la sombra del algarrobo bobo, bajo la picajosa higuera -sarna con gusto no pica- mientras me zampo un higo, amigo, entre encinas sordas de bellotas pata negra y lágrimas de cocodrilo, vecino. En realidad nos quejamos de puro vicio. Y de no ser así, nos jodemos con lo que tenemos, por dejarlos hacer, o ser tan tontos del pijo.

Asín semos: y ellos los saben ‘ferpectamente’. Punto.

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“Es lo que hay… ¿Comprendes?… ¡Pues ya va siendo hora!”
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