frase-cuando-el-gobierno-viola-los-derechos-del-pueblo-la-insurreccion-es-el-mas-sagrado-de-los-marques-de-la-fayette-138058

JJuan Sánchez/Opinión/Cuarta Columna/VMPress.

Hablando la otra mañana con una amiga, dejábamos claro nuestro asco inmenso por la casta política española, y alguna otra, o quizás toda la plaga mandante, mangante del planeta agua. Pero enfatizamos y centramos la conversación sobre lo nuestro. Mejor digamos lo suyo, de nosotros, de nosotros no son, evidentemente. De serlo, otros López nos canturrearían bajo el balcón parlamentario.

Dice Juan C. Monedero que este mundo le da asquito del bueno, y Albert Pla hace de la ironía un arma arrojadiza para nuestro morro entumecido y alelado, cuando no acojonado, por tanta monserga y mosergueros que hemos de soportar a diario. Bobos de quinto Dan que solo nos dan sablazos, disgustos y correrías por esta serranía política dónde todos son unos bandoleros mientras no se demuestre lo contrario. Y las culpas no hay que buscarlas en Pernambuco, ni arrimar la estaca al lomo de Nabucco, que las penas son nuestras y los estacazos habrían de llover en nuestro riñón, y de hecho diluvian, a ver si despertara o despertase esa conciencia social anestesiada por la tontería histórica en este ‘acomplejado’ país del toro, la bota vino y el chorizo de cantimpalo y pedrá en ‘toa’ la trompa patria, ¡por idiota!…

Avanzado el tema, decía mi compañera sentirse avergonzada y estafada por la ‘cúpula’ nacional. Esa que promete y promete durante quince frenéticos días, para olvidar la hoja de ‘putas’ una vez consumada la sodomización al pueblo. Unas elecciones libres y democráticas, eso siempre. Servidor, tan purista como iluso, seguía por los cerros de Úbeda dale que te pego con las mínimas cualidades que han de acompañar al gobernante, a saber: honradez, decencia, inteligencia, honor, y voy a parar por estos lares que exigir algo más entraría directamente en terreno de la ciencia-ficción. Con lo mentado han sobrados deberes y prospecciones en la decencia para una vida política raspandillo de vergüenza. En resumen, y por no cansar al lector, que luego me tildan de ‘infumable’, u otras lindezas desde la desidia de una mente aborregada por ese sistema que tontos nos quiere para devorarnos mejor. ¡Coño con el resumen! Solo hay una simple y primordial cuestión: ¡EL HONOR!

Suena raro, a que sí, exigir a nuestros gobernantes la honorabilidad que su cargo implica cómo representación de muchos miles de ciudadanos que confían ciegamente en ello. Pero, amiga, amigo lector, vivimos en una facción del mundo donde se ha relajado de tal modo el nivel moral general, -ahora me vais a tachar de rancio y anacrónico-, que nos importa un Real zurullo de Vellón aquella monserga de honor, honorabilidad, honradez, rectitud moral, que nada tienen que ver con la iglesia ni con curas, beatos, frailes o similares, sino más bien con la pureza innata de la condición humana. Honor, qué raro suena eso en estos tiempos. Parece sacado de algún ‘mamotreto’ del medievo caballeresco o del más chusco episodio quijotesco, esto mejor. Si se preguntase a los últimos en arribar en la serranía bandolera, igual no tienen ni idea del significado de dicho ‘palabro’. Y mucho menos sobre la senda que señaliza. Honor, honor, ¿qué pijo será eso?

En otras democracias históricas, España es la gran chapuza del pegotazo y mantente mientras trinco y brinco el charco, en otros países dónde ese concepto sobresale como condición ineludible a la hora de presentarse al cargo público, el mero hecho de ver cuestionada la honorabilidad del político, la mayoría de ellos por pura vocación altruista de servicio ciudadano, es motivo sobrado y categórico para la automática e irrevocable dimisión. -Otra rareza para los nuestros, dije a mi compañera de tertulia-. En este país podrido desde lo más alto, importa un Pijo de Vellón que gran parte de ellos hayan estado o estén imputados por ‘presunta’ corrupción. Presunta, presunta, me cago en su raza ‘presuntamente’.

Os puedo asegurar que llegará el día que seremos gobernados desde la cárcel por algún ministro, o ministra, y no tardándose mucho. Mi dolor de ciudadano es que no tenemos el arrojo obligado para decir: ¡Ya Basta!, y coger lo que nos pertenece desde siempre: ¡El honor y los derechos  ciudadanos mancillados por esta panda sinvergüenzas! Así están las cosas, así las contamos… Y así nos va. Punto.

“Coros de esclavos hebreos de Nabucco (Giuseppe Verdi) – Auditorio Nacional de Música de Madrid”

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