"Cuando un sabio señala el cielo, el tonto mira el dedo"
“Cuando el sabio señala el cielo, el necio mira el dedo”

¡¡Aviso!!: “Artículo no apto para políticos y similares” (Leer al final del texto)*

JSocial/Opinión/Cuarta Columna/Juan Sánchez/VMPress.

Decía un ‘escribano’ de indudable calado que la verdadera vida está en los pequeños detalles. Esos que se presentan inesperados, huidizos, insignificantes al ojo mundano pero inconmensurables al corazón humano.

Pensaba escribir un artículo conminando al poderoso al retorno a la humanidad. Pensaba que podría incentivar el sentimiento dormido, la solidaridad perdida por el turbio y andrajoso camino que les corrompió, pero he llegado a la conclusión de que no merece la pena. Al igual que nosotros, los parias del mundo obrero, solo les importamos en la medida que garantizamos su estatus privilegiado, ahora ellos me importan lo mismo que una rata muerta al borde de su alcantarilla…

Pensaba clamar al sentimiento apelando al manido argumento de que no todo está en venta. Que no se puede comprar un radiante amanecer, ni la cálida voz de la luna llena, ni las lágrimas del ser amado a los pies de la cama instantes previos a la hora oscura. Pensaba dejarlos meditar sobre el valor de ese aroma a tierra mojada justo antes de la lluvia, o sobre el vuelo de una hoja al completar su ciclo junto al arroyo siempre incondicional. Pensaba que mirando el paso se una estrella errante habrían de comprender que la vida está en el infinito de posibilidades que la misma vida brinda al ser humano para relacionarse e interactuar con sus semejantes. Pensaba en el calor de los amigos al amor de un buen fuego en una noche de crudo invierno, pensaba en un vaso de vino humilde, no hay para más, y lo poco que nos importa el pedrigree de las uvas ni los años de reposo entre robles bucaneros cuando lo único que se pide en calentar el estómago y aletargar el dolor por tanto tiempo hermanados. Pensaba que ellos podrían tener ‘rescate y salvación’, pero no es así. Pensaba en la primera palabra de un niño, en el orgullo del abuelo por sus primeros pasos, pensaba en aquel primer ‘te quiero’ del amor eterno y verdadero. Nada de eso tiene marcado un precio. Ni se compra ni se vende, no existe en el mundo dinero…

De ellos es la corrupción que cambia amor por dinero, y viceversa. Se prostituyen y chulean a sus semejantes en el barrio chino de la porquería humana. Su única recompensa es la adulación. Es aquí donde venía mi artículo. Inútil apelar a su corazón humano, no en vano para llegar al pozo ciego donde habitan hay que arrancarse el corazón en vivo y en directo, por ende su monólogo habla de apariencia, de jactancia, de chulería, de vanidad en una palabra. Arder en el fuego podrido de su vanagloria y alardear de lo conseguido ante esa masa gigante de parias hambrientos. Ahí reside su poder, en la atención que la masa presta a sus posesiones. En la envidia que despiertan al pasar. En la hinchazón de su ego al sentirse envidiado por los esclavos.

Esa es igualmente su debilidad. Ese es su talón (Cheque) de Aquiles. Todo argumento es susceptible de revertirse. Y para muestra bien vale un botón del pánico. Su pánico. Imaginaros por un momento verlos pasar en sus carrozas doradas… En cada pueblo hay uno o varios, todos los conocéis. Es innecesario y asqueroso mentarlos siquiera. Y todos sabréis sacar las cuentas de lo que vale dicho ‘caprichito’, ahora dividir su ‘valor’ metálico entre el sueldo base de un obrero, o entre lo que vosotros necesitáis para pasar un mes, o un año, o toda una vida. Imaginad ahora la cantidad de personas que mueren de hambre por no tener ni un céntimo al día. O los niños que comen en comedores escolares porque sus padres no pueden darles una comida diaria. Imaginad un anciano dormido en el banco de un parque, andrajoso, apestando a vino barato y sudor rancio, imaginad una sala de quimioterapia de un hospital, carente de la medicación necesaria para salvar muchas vidas. Imaginad la sala de espera de una oficina del paro. Imaginad a una joven que ha de partir lejos de su familia para trabajar por dos duros en Alemania, y así podéis seguir imaginando toda cuanta pobreza y necesidad humana os apetezca si vuestro corazón os lo permite.

Y ahora volved a mirar el ‘cortejo’. A que no os resulta tan envidiable. A que no os parece tan ‘importante’ su conductor. A que hiede a podrido, a virulentos gusanos ebrios de sangre del pueblo… A que os están entrando unas ganas irreprimibles de pararlo y escupirle cuatro verdades. Nada de violencia, por favor, que nosotros los pobres parias de la tierra no somos violentos, eso lo dejamos para los políticos y sus chulos los banqueros que, armados de leyes y demás utillaje de represión y control social, continúan prestando atención primaria y secundaria a eso señorones que pasan ante nuestros morros alardeando de ser unos tipos importantes. Para ellos se debería crear el ‘Ministerio de Mierda-Ambiente’, o algo similar, total.

Yo nací bajo una estrella errante, decía Lee Marvin, en aquella maravillosa cinta “La leyenda de la ciudad sin nombre”. A todos alumbra la misma estrella. Unos la miran de frente para sentirse vivos mientras vivan, otros olvidaron su brillo y deambulan errantes entre su propia sucia oscuridad… “El barro les hizo prisioneros”

*Advertencia: Políticos y similares abstenerse de leer este artículo, no sea que sufran un ataque agudo de vergüenza y se den cuenta que están dónde están para servir al pueblo, ¡¡NO para hacerse ricos!!. Ojo al dato”

Web del Autor: https://surestepress.wordpress.com/

Para ti, “Estrella Errante”…

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”

¡¡Hasta Siempre!!

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