La cruda realidad
‘La cruda realidad’

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Nacional/Social/ Editorial-VMPress.

Vivimos horas en las que la dignidad de los hombres pasa por momentos difíciles porque no pensamos en los que sufren hambre y miserias, cuando nos sobran en nuestros hogares grandes cantidades de relativismo, hedonismo y avaricia, dentro de un egocentrismo de exterminio humano. El desarrollo de un pueblo o una Nación no deriva primariamente ni del dinero y por ende de la abundancia, ni de las ayudas materiales, ni estructurales, sino más bien de las consciencias, de la madurez de las mentes humanas, porque el ser humano es el protagonista del desarrollo y del bien común, y de esa esperanza que nos mantiene buscando la igualdad, el deber de trabajar para el desarrollo entero de todos los hombres y mujeres… Ahí tenemos, por ejemplo que hay zonas de miseria o de hambre que existen globalmente pueden ser fertilizadas en breve tiempo si las gigantescas inversiones en armamentos que sirven a la guerra y la destrucción, se hubieran cambiado por el alimento que sirve a la vida. O ese afán de acaparar riquezas y lujos que no hacen la vida más feliz pero si más rica. Hace falta la grandeza de la caridad y la vida, para que ni usted ni yo experimentemos un sentimiento de abandono, extravío, soledad y desconfianza, en tanto el consumismo se lleva por delante la solidaridad.

El panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente si se carecen de recursos elementales cuando no hay equilibrio social. La promoción de los pobres es una excelente ocasión para el crecimiento moral universal, aquellos que buscan la derrota del Sistema que el sociólogo Kurk considera la zona mundial del desarrollo que hay que reordenar y exigen, incluso con dureza, el derecho a participar por numerosos caminos, incluyendo básicamente el de la justicia que ponga fin al derroche en un mundo en el que son relativamente poco los que poseen mucho y mucho los que no tienen nada. También están los que conocen el sentido de la medida para vivir de una manera alegre y con la felicidad del justo, que considera que los excesos rompen el equilibrio y aumentan las violencias. Acumular riquezas innecesarias no llevan a la meta de la razón, sino del choque emocional que dejan heridas sobre la piel de los más indefensos.

Guste o no, la sistémesis es una enfermedad que nos van matando lentamente. Y el remedio todavía no se ha inventado. Quizás el amor a medio plazo, siendo ligeramente optimistas.

Lo que no es justicia, ni solidaridad ni principios para solucionar nuestros problemas es la indigna lista que publicamos de enchufados del Partido Popular. Una vergüenza que no se puede digerir porque mientras millones de españoles sacan billetes para pagar impuestos, otros se llenan los bolsillos buscando caminos escabrosos que nos dan vergüenza y sonrojo. Y los demás, el pueblo soberano tragando quina, que es lo que nos ha tocado. Los límites en Murcia son ya de locuras sin que la ley se cumpla a rajatabla, porque ellos también quieren vivir como pachás. Luego que nos pongan las esposas y nos envíen a Sangonera. Es lo que tenemos en España. ¿HABRÁ QUE RECURRIR A OTRAS ALTAS ESFERAS DE BRUSELAS COMO PASO EN YUGOESLAVIA, CROACIA, MONTENEGRO Y SERBIA?

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