"La honestidad y la solidaridad"
“La honestidad y la solidaridad”

J Perfil 13Juan Sánchez/Cuarta Columna. 16/9/2013.

Me encanta la dichosa palabrica. Me encanta por allí por los cojones y siete pueblos más p´allá. Cómo se nota que vivimos pendientes de todas las soplapolleces que quieren endiñarnos desde la caja tonta. ¿Cuídate? ¿Qué coño de fórmula de cortesía es eso? Acabas de encontrarte con un ‘presunto’ amigo, barra ‘presunta’ amiga, le cuentas lo jodida que te va la vida y al despedirse te suelta: ¡cuídate! Como si te dijera: me importan un zurullo de perro tus cuitas, vamos, que me lo paso por el forro de la huevera. Y te quedas a cuadros. ¡pero pijo! Qué fue de aquella relativa empatía humana. Aquellas fórmulas de ánimo y vecindad, amistad y compromiso, solidaridad para compartir un chusco de pan. Aquello de donde comen tres comen cuatro. O aquello otro de mi casa es tu casa. ¡No!, hoy te sueltan un ¡cuídate! Y se quedan tan panchos los, barra las, colegas…

¡Por supuesto que voy a cuidarme, gilipuertas!, ya sé que de ti no se puede esperar nada, igual los tuyos te pagan algún día con la misma moneda del casasola. Deseandico estoy de verte en similar tesitura, jodidilla por más abundar en tu escaso interés, para demostrarte lo que es una persona de veras. Un hombre chapado a la antigua, que se pasa las modas guays de yanquilandia por el arco del triunfo de la humanidad. Deseandico estoy de tenderte una mano, egoísta de mierda, de poder ofrecerte mi casa si hubieras menester, tanto tú como tu familia. Deseandico de soltarte aquella frase en evidente desuso: ‘aquí estamos para lo que necesites’, ‘si podemos ayudarte en algo’. Y no como tú, tipejo, barra tipeja, que lo mismo podrías soltarme ‘que te den por saco’ o ¡jódete!, serías más sincero y directo, pero te escudas tras la hipocresía de ese caramelico de mierda pusilánime escurrebultos del ¡cuídate!

Son los signos del tiempo que nos ha tocado en el reparto de existencias. Individualidad, egoísmo, soletismo y sálvese quien pueda. En muchos casos no me extrañaría, sobre todo en aquellos hogares más humildes: donde sobreviven tres, si se suma otro más, pasan hambre los cuatro. Pero es precisamente esa gente la que te entrega el corazón y sacrifica su pan para no verte morir de asco. Es la gente que lo ha pasado muy chungo en la vida la que se vuelca con el semejante. Así está el patio, siempre lo estuvo. Y si le cuentas al ‘triunfador’, barra ‘triunfadora’ -nótese las agudas comillas-, de tus carencias, y de que estás en el puto paro una pasá de meses, y que lo llevas muy jodido, te suelta aquello de que no es para tanto, que hay seis millones más de parados en el país. Será hijo, barra hija, de la gran puta. Y, ¡cuídate! al canto.

Pero no es un mal de clases, como escaso consuelo podemos decir que es la gran pandemia social. Egoísmo elevado por sufragio universal al cargo de Dios omnipresente, ubicuo y plenipotenciario. Aunque en realidad sea una salida cobarde y salvaculos que se oferta en el mercadillo del saldo en humanidad. Un “Infierno de cobardes”, que decía Clint Eastwood sobre aquel villorrio que hizo pintar de rojo. Los colores han dejado de tener su correspondencia con ideales o banderas de lucha, para convertirse en funda de serpiente que cambia de piel en el momento de implicarse o dar la vida por sus semejantes. Eso era antes, y se llamaba hu-ma-ni-dad, ho-nes-ti-dad y so-li-da-ri-dad.

Podéis escudriñar cada segmento social. Pero es en las clases más holgadas económicamente, y en tragaderas también: ¡los políticos y banqueros de mierda! -Uy, cuanta basura social- donde más prolifera dicho cultivo bacteriológico, la última plaga bíblica de nuestro desierto. Son esas ratas vestidas de diseño y desnudas de sentimiento, las que suelen decir al resto de ciudadanos y semejantes: ¡cuídate! pobre diablo, que Alá, Buda, Jesucristo, Krishna, Thör, Manitú o ‘matutano’ se preocupen por tu ‘ano’, que a nosotros nos importa una Real Mierda de Vellón, así te pudras en tu propio caldo de miseria  y los gusanos devoren tu razón. Desmantelan todos los servicios sociales: sanidad, cultura, educación, pensiones, subsidios y ayudas sociales y nos consuelan con un: ¡cuídate! o que te jodan por pringao.

Es la negra cultura de los corazones negros de hombres, barra mujeres, abismados en la filosofía vital del ¡sálvese quien pueda! y claro, ¡cuídate colega! O que te den por el saco, lo mismo me da, ciudadano, barra ciudadana. Y luego dicen ser personas. De pena, ¡pijo!, de puta pena. Seguid en vuestros palacios dorados salvando el culo mientras en la calle la gente sufre y se cuida por si misma. Seguid escondidos de vuestra responsabilidad social,¡cabrones cobardes!. Si algún día la cosa se arregla, tranquilos, habrá medallas para vuestro ‘valor y solidaridad’. Pero si la cosa, tal y como estamos viendo venir, se pone mucho más jodidilla y os veis talmente puteados por el existir, lo tendréis talmente merecido y seguro alguien vendrá y os escupirá aquella ‘perlica’ del ¡cuídate!…colegaY punto.

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