Credibilidad
“Juro por mi conciencia y honor”

J Perfil 13Juan Sánchez/Opinión/VMPress.

Una sociedad carente de valor en el más amplio sentido del término, sin ideales humanitarios, y decadente, está abocada al caos y la autodestrucción. Una sociedad cuyos altos estamentos son modelo de todo lo contrario a la honorabilidad y transparencia, honestidad y rectitud moral, carentes de rastro alguno de conciencia, solo puede resultar una selva donde prevalece la ley del más fuerte, el más poderoso, y el más podrido interés cavernícola. Una sociedad cuya tercera pata del poder resulta secuestrada por partidos políticos que entienden de todo menos de honor y vergüenza. Unos altos tribunales rendidos al vaho epiléptico de esas partidas/os de bandoleros con patente de corso y siglas rimbombantes. Un poder de cuarta fila que está en proceso de derribo y sálvese quien pueda, donde cada día se ahoga algún que otro medio que subsistía a trancas y barrancas en la trinchera de su independencia y libertad editorial… Un poder del más puro cuaternario con mastodontes mercenarios amamantados por el hierro dulce del capital y el regateo a la baja en la subasta de los miserables. Un poder por ‘teclear’, en definitiva, cada día menos poderoso, precisamente, por su ‘sintonización’ con el triunvirato del estado extasiado en su intrínseca porquería. Canal, sintonía y columna del deshonor y ausencia de conciencia y consciencia del grave problema que acarrea su vocación quintacolumnista, depravada y traidora, más que ninguna, al juramento de servicio ciudadano.

Incluso sabiendo, tal y como ya sabíamos, que el pueblo siempre será el chivo o borrego sacrificable, manada trashumante en los intersticiales pastos de todos los poderes anteriormente citados. A pesar de todo ello, y precisamente, surgen movimientos de rechazo y lucha vital para la supervivencia de esta raza verrugosa sobre la faz de la Tierra. Movimientos que ponen en tela de juicio un sistema podrido, obsoleto y dañino contra si mismo. Alzamiento de aquella escasa conciencia honorable y sin contaminar que aún subsiste, a pesar de todo y de todos, y sigue creyendo y apostando por esta humanidad. Movimientos indignados contra el abuso del poder y contra la pasividad de sus esclavos. Insurrectos y demás soñadores en un mundo sin apenas sueños, sin ideales, sin apetencia de resolver de una vez esa cuestión que nos trajo por estos andurriales. Levantamiento íntegro que trata de revertir esa destrucción y poner contrafuertes a una conciencia humana en pleno proceso decadente, cuando no de auto-exterminio e incineración. Una humanidad de anémicos mentales, con debilidad moral y relajación en la sopa de paniaguados sin capacidad alguna para decidir lo que realmente conviene e interesa a la totalidad. Solo juguetes en manos de un alto poder altamente corrompido, vicioso del halago y promotor de esta conveniente homogeneización de contra-ideales, y encuadernación de la ética humana en antiguos legajos altamente custodiados, y olvidados, en algún museo de cera.

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“Juro por mi conciencia y honor”. Es el ‘contrato’ de cada cargo electo ante el pueblo; y en realidad no engañan a nadie, están diciendo la cruda verdad. Hay que considerar que al carecer de tales atribuciones: ¡conciencia y honor!, sus señorías no están mintiendo ni faltando en momento alguno a su palabra. Hasta ahí su responsabilidad política: son fieles a su baja estofa y carecen de conciencia alguna, y se comportan tal cual lo haría una alimaña, pero dicen su verdad. Y es aquí donde empieza la responsabilidad del ciudadano: ser conscientes de quienes ponemos al frente de nuestros destinos antes de que llegue la gran tormenta. Pero esto es una asignatura pendiente, sobre todo pendiente de nuestra propia conciencia y honor. Y eso aún está por resolver. No tenemos un buen ejemplo en las alturas. Lo demás es fruto de nuestra unificación con el entorno. O aquello de que somos gilipollas integrales, ‘integrados’, y siempre nos ha gustado pasarlas muy putas. Por lo demás, ya te rondaré algún día de estos, morena mía. Punto.

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