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img_5576Región/Opninión/Juan Eladio Palmis.

Son miserias que tiene que dar mucho gusto pasarlas. Eso de estar viviendo en el corazón bombeante al mundo de como debe de ser la democracia, la libertad y la sociedad planetaria entera; ser ahora mismo un vecino de Detroit y de muchas ciudades estadounidenses (por el momento vamos a dejar de lado al paraíso murciano), tiene que ser algo convincente, emotivo, por el que merece tirar un par de bombas atómicas más, y declarar algunas guerras en defensa de los grandes ideales que espejean los EE.UU., donde hasta el clero vaticano tiene que indemnizar a los menores y mayores de los que abusa depravadamente en los colegios, sacristías o vulgares catres…

No tengo ni idea de saber a qué están jugando esos depravados que nos están pasando unas imágenes en las que se ve Detroit, una ciudad del corazón del capitalismo, en un estado lastimoso, competitivo con aquellas que con insistencia nos enviaban del socialismo ruso (del chino, también), y de tantos y tantos países a los que había que salvar de las miserias de su falta de libertad sin chocolatines ni goma de mascar.

Si el asunto tuviese gracia, uno podría pensar que todo es una venganza acaecida en un breve espacio de tiempo; pero no, no es ninguna venganza, es simplemente que los hombres, la manada mundial, por mucho que se empeñe la inculta cúpula pastoril, solo tiene un camino social de conducta, que siempre estará más cerca del abominable socialismo, para ellos, que el cristiano y pio capitalismo, una salvación para la humanidad, pero solo para los medios de comunicación y la maldita propaganda con la que a todas horas nos atosigan.

Las fotos intestinas de muerte, injusticia, falta total de solidaridad que tiene que estar generando Detroit (y la región de Murcia también) serán de esas que diarios y telediarios orquestado suelen poner a la hora de la comida o la cena, afectas a gentes negras, a niños hambrientos, a campamentos de refugiados que por su mala cabeza de ser gente infieles, se ven así porque no quieren que los salve el séptimo de caballería: el gran salvador, salve, que muchos, entre los que me encuentro, hemos calificado siempre como un país, como un sistema, sin presente ni futuro, ante, muchas veces, la llamadas de atención de algunos amables lectores que consideraban y consideran que es muy bonito morir de hambre, morir de frío, siempre que se haga a la sombra de una bandera bendecida por dios, y no bajo un trapo que represente el sentimiento de los hombres que quieren que los dejen en paz en la posible solidaridad de un vecindario donde se mire el bien común y no el bolsillo de cuatro al estilo murciano, que es el que está imperando ahora en toda España y parte del mundo mundial: robándole a toda la gente, e invocando a un dios inventado para unos pocos.

Voy a enviarle mis condolencias a los vecinos de Detroit, que nada sabía de la gravedad de sus terribles tribulaciones. Y juntamente con ellos se las voy a enviar también a todos aquellos que están en situaciones semejantes y peores. Pero de paso pediría que todos eso comemieldas que continuamente están detrás de los mensajes de que el capitalismo es la puta de bueno, se vayan ahora a vivir a Detroit. Con la fundamental diferencia de que aquellos a los que a un servidor cuando exponía razonamientos me enviaban a vivir a La Habana, y eso para mí es un premio, no un problema, yo les deseo que se vayan a vivir a Detroit o a cualquier corazón capitalista.

Aunque ya se está encargando, y con mucho celo, va-al -cárcel y sus mariachis, para que sin necesidad de viajar vivamos todos aquí al nuevo estilo Detroit. Salud y Felicidad.

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