il_fullxfull.290625834

J Perfil 13Juan Sánchez/Opinión/Cuarta Columna. /VMPress.

Desde que el mundo es mundo han habido listos y tontos. No digo seres más o menos inteligentes, digo seres retorcidos y mezquinos que se aprovechan de otros seres menos complejos, de su desconocimiento, su buena voluntad, su candidez, del buen corazón, en definitiva. Seres que se infiltran en la vida de otros seres hasta conocer al dedillo los sentimientos, las necesidades, sus debilidades, y así poseer una información de primera mano en el momento de manipular y controlar, sencillamente explotar y chantajear, al ‘tonto’ de turno…

De todo ello lo saben todo esos grandes ‘ingenieros’ sociales. Los que montan y desmontan ídolos e ideologías, líderes, presidentes y ministerios recaudatorios. Está claro que los tontos somos los ciudadanos a quienes se ha estudiado metódica y minuciosamente para poder así ‘ofertar’ en el mercadillo electoral cada necesidad, deseo o ambición del votante en forma de promesa electoral. Otra cosa distinta será el cumplimiento de esas ‘ofertas’, ya que una vez cumplida la campaña ‘caza tontos’ no existe urgencia ni obligación alguna para ello. El poder nos estudia; estudia nuestras ambiciones, ambiciones creadas por el mismo poder (Cuado digo poder, léase negocio de lobbys usureros, políticos rastreros incluidos: ¿qué habría de ser si no?), alimentadas por su publicidad, por una vida sintética con hoja de ruta preconcebida para el control absoluto, donde no ha cabida a la improvisación, la libertad de elección y expresión, o la ‘excentricidad’ de pensar por uno mismo. Los librepensadores son bichos raros, seres no alineados con el sistema, que tratan de instaurar el caos en una sociedad muy aplicada en seguir un guión cojonudo. Tan cojonudo que no habemos necesidad de pensar, solo acatar lo que el listísimo poder ha dicho que es lo mejor para todos nosotros: los tontos.

Nuestra urgencia y ambiciones se escalonan desde la mera necesidad de alimentarnos, guarecernos y sentirnos protegidos del ‘enemigo’, hasta el lujo de magnificar nuestro ego con el reconocimiento ajeno, nutriendo la vanidad y la imagen social que hemos ‘sintetizado’ para encajar en el canon de éxito. Todo un proceso bien planificado para que nunca se acabe. Para que estemos de por vida ‘enganchados’ en la ola de los triunfadores ‘canonizados’, y siempre, claro está, un éxito asociado a la posesión material que es lo que más conviene a este capitalismo decrepito, salvaje, alisante e impersonal. Y todo aquel/aquello que no se aclimate a la oscuridad del ‘zulo’, será considerado como anti-sistémico y por ende venenoso, beligerante y subversivo. Será por tanto un enemigo a doblegar, un ‘alienígena’ en propia tierra, un virus que trata de contaminar el tejido vivo de una sociedad cadáver, momificada por un adocenamiento consentido, su aplicada ignorancia y, en último extremo, por la amenaza de precipitarse en el caos si se sale de la fila de los ‘tontos’.

Lo dicho, desde el primer hervor de esta sociedad de tontos y listos, ya quedó claro que somos absolutamente manipulables. Aquellos que fueron conscientes del ‘secreto’ emprendieron el camino trucu-lento pero seguro de la política, el feudo, el adoctrinamiento de ‘apóstoles’ del terror y del juego sucio. Todo ello con una sola consideración: vivir como dioses en un reino de ignorantes rendidos por sus vicios y menesteres, y por eso mismo controlables, ¡y sacrificables!

Aún a riesgo de equivocarme, aunque estoy casi seguro en un noventa y nueve por ciento, y con todo y con ello voy a jugármela, puedo apostar porque esa masa informe e inusitada que yace en tierra de nadie, de color, textura, aroma y no me atrevo a probarla por si ‘las moscas’, puedo apostar y apuesto a que es pura MIERDA. Y, aún sabiéndolo y sufriendo sus ‘consecuencias’ en la suela de mis alpargatas, llegará un listorro cualquiera, político podrido por más señas, y dirá que tiene un sólido y futurible interés humano. A partir de entonces, amigo lector, no te quepa la menor duda de que los ‘tontos’ nacerán sin ano: culo en castellano. Es la mordaza social de cada día, “C´est la vie” 

Anuncios