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Opinión/Social/Cano Vera.

PALERMO. He pasado unos días navegando rumbo hacia algunos focos de la miseria global. Saltando sobre la mar brava de las crisis europeas, he comprobado que nuestras instituciones se tambalean porque sus cimientos se degeneran de forma alarmante. Como si fuera un terremoto social. Y cuando hemos llegado a la isla de Lampedusa con un pequeño grupo de periodistas de la unión europea la Italia la hemos encontrado muy lejana y no a unas ochenta millas fondeada en un infierno cercano a la Tunicia africana…

Horror. Miseria. Hambre, y lo que es algo más dañino, más duro y doloroso, la desesperanza. Miles de inmigrantes de todas las etnias africanas buscan el salto mágico, la pirueta mortal para alcanzar las orillas de la mafiosa Sicilia. Unos veinte mil han muerto ahogados en el MARE NOSTRUM en los diez últimos años. El papa Francisco, hijo de emigrantes italianos ha estado en esta isla y ha puesto a la Europa rica y prospera ante la escandalosa realidad de sus fronteras pensando en reencontrar otro rumbo para que no se le escape el estado de bienestar de entre las manos, mientras el navajeo capitalista nos va desangrando lenta pero inexorablemente.

Cuando salíamos de la isla de Lampedusa asqueados y perplejos, los tres españoles que navegamos a punto de la nausea, recordamos la kilométrica frontera de espinos y cemento armado que hemos levantado en la vieja y querida Melilla española, junto a la frontera de Marruecos para frenar las oleadas de inmigrantes subsaharianos que buscan un hueco para tocar vida humana. Estamos levantando demasiadas murallas infernales, sin que el mundo civilizado, liberal y cristiano haga un gran esfuerzo para impedir tamaña catástrofe desalmada y encuentre una solución rápida. Adiós, adiós Lampedusa cráter de un volcán ético y social. Me quedo con los ojos de resignación, de angustia y de impotencia de mi amigo Ahmed, tratado con el látigo de la injusticia y de la frialdad despiadada. 17 de Julio. Cuando llegamos a Palermo es como si recibiera un golpe bajo, muy bajo. Estamos en la sociedad que huele a Bárcenas, que huele a euros y dólares podridos. A políticos. Pero la miseria en Europa avanza también. Comenzamos a estar hipotecados. Ya somos preferentes. Y hay profetas que opinan que los pensionistas son un lujo del estado. Hasta en la vejez nos come la Troika: “Me ha faltado usted al respeto”, dijo rotundo Valcárcel a una trabajadora humilde que le preguntó por su disminuido salario. Eso es, nos han perdido el respeto a miles de millones de ciudadanos del mundo. Ellos. Los de siempre:

-Adiós Lampedusa, adiós Melilla. ¡Y nosotros discutiendo si Monarquía o Republica cuando el Sistema arde!. Es la “Marca España” y sus genialidades mostrencas situadas en el absurdo de los nuevos Viriatos y los Don Pelayos. En el exterior de los parlamentos hacen cola. Unos entran otros salen y otros esperan a los sicoanalistas, a los sobres de colores y a la gasolina ideológica. El triangulo del sistema global. Ya lo conocemos en gran parte y lo sufrimos en la España que se cae, y con ella la región murciana empujada por los piratas de los mares de la miseria.

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