El animal envidioso o el imperialismo alemán

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josemariados2José María Hernández/Opinión/VMPress.

¿Quién obligó a los bancos alemanes a invertir en la orgía inmobiliaria española? Nadie. Entonces, ¿Por qué han convertido en un tema europeo la recuperación de esas inversiones fallidas? Si es el principio básico del capitalismo que tanto defienden.

Los alemanes siempre nos han tenido mucha envidia. Nuestra forma de vivir, nuestra cordialidad, nuestra solidaridad, nuestro ingenio y nuestra envidiable rapidez en encontrar la solución adecuada a las peores situaciones. También nuestra gastronomía, tan apetitosa, rica y variada. Nuestras frutas y verduras frescas de una tierra agraciada por los dioses… Nuestros vinos y aceites. Los pescados y mariscos de todos nuestros mares que bañan casi todo nuestro territorio. Nuestro cielo siempre azul y nuestras noches suaves y estrelladas. Nuestro sol. Se pirran por nuestro sol, ¡El sol de España! Les da envidia nuestra alegría y nuestras risas sinceras y abiertas. Nuestros quesos, carnes y leches de vacas fecundas y vigorosas. Las finas arenas de kilómetros interminables de playas donde los niños y los mayores juegan y disfrutan de una parte de nuestra generosa naturaleza. Porque también tenemos nieve y esquiamos hasta en Granada. Todo eso les encanta a los alemanes. Por eso vienen a las Baleares y a la costas alicantinas, malagueñas y cartageneras. Les encanta España y los españoles. Pero no nos lo perdonan y su rabia de envidia les corroe. ¡Lo que ellos darían por que Alemania estuviera donde está España!

Porque con todo eso que tenemos y más, ellos ven cómo les compramos sus buenos coches, sus buenos electrodomésticos y todo lo que de bueno son capaces de hacer los alemanes, también lo tenemos. Y cuando la cabeza nos da molestias, también nos tomamos su famosa aspirina y ¡Zas! A seguir disfrutando. Ellos se llenan de envidia: Tenemos tantas cosas buenas que además también tenemos las que ellos fabrican y elaboran. ¡Es insoportable! Se retuercen. ¡No es posible! Nosotros hechos unos pringaos y ellos,  siendo más pobres, son más ricos que nosotros. ¡Intolerable!

Ellos y su naturaleza que los ha hecho como los ha hecho: ¡Envidiosos! Esa misma naturaleza que produjo a los bárbaros de antaño y a los nazistas de no hace mucho. De tal tierra, tales frutos. Esto es lo que es y lo que hay. Quizás por ello sea esto de querer ser los dueños del mundo y apoderarse, como sea menester, (Unas veces con guerras mundiales y otras con guerras económicas, como ahora) de aquellos países donde la vida no es tan dura porque su tierra así lo permite. Pero eso tiene que ver con ser Ario de pura cepa.

Pero por encima de todo esto hay otra cosa que no nos perdonan, cuál es nuestra bella lengua: El Español. Un idioma fácil, melodioso, rico en palabras y en giros lingüísticos que sólo la ironía y el sarcasmo ibero pueden entender. Una lengua que la hablan más de 500 millones en todo el mundo. Ellos tienen otra cosa a la que también llaman lenguaje. Un lío de consonantes que mal suenan y hacen daño al oído más rudo. ¡Eso tienen para comunicarse! Una lengua pareja a su climatología infernal.

Así que primero se han apoderado de eso que llamamos comunidad económica europea para imponer sus reglas y filosofías. Ellos se han apoderado de Europa para conseguir sus decimonónicos anhelos de una Europa germanizada. La del Sacro Imperio Romano Germánico y del Toisón de oro.

La pobre España, la cada vez más empobrecida España, gracias a estos germanos envidiosos, se hunde en el día a día. Y lo hace por que en este puñetero País de pandereta y sacristía nunca hubo un puñetero buen dirigente del Estado. La mezquindad, la cutrez y la ordinariez de todos cuantos estadistas han sido y son, es la desgracia de este viejo País. Todos ellos sólo miraron para lo suyo y para lo de sus amigos. Nunca tuvieron, eso sí se lo reconozco a los alemanes, la visión de una Nación, donde todos son, por encima de todos y de todo, alemanes. España desde que perdió su imperio cayó en el sálvese quien pueda político y llenaron de guerras fraticidas y de sangre hermana todas nuestras tierras. Y no hay quién nos despierte de tanta cutrería y mezquindad. Nuestras virtudes apartadas del bien común y sólo nuestros defectos esparcidos, restregados entre nosotros mismos. ¡Sálvese quien pueda! Es el único slogan que le queda a España. Así parece ser por la casta política más absurda que jamás hemos tenido.

¡Ay, si yo tuviera el poder del pueblo! Se iban a enterar estos alemanes y sus inversiones fallidas. Se iban a enterar en esa Europa usurpada, en esa Europa secuestrada por los del marco. Por que, quizás no tenga ese poder económico, pero sí tengo otros poderes, como el de abandonarlos a su suerte. Como el de romper con un proyecto que ya no es el que nos contaron: Aquel de la Europa social y de los ciudadanos que se ha quedado sólo en la Europa de los mercados y banqueros. Sólo con esa insinuación, más de uno empezaría a correr y bajaría la prima de riesgo a la hermana generosa que todo lo perdona. Tontos no son. Por que, al fin y al cabo, ¿Qué se nos ha perdido a nosotros en esta Europa germana? ¿Qué nos une ya? ¿Tan ciegos estamos que no vemos qué nos están haciendo y para qué? Se están llevando hasta nuestros hijos mejor preparados. ¿Habrá mayor humillación a un País? Lo permitimos, lo permiten los de la casta.

Tenemos 500 millones de hermanos de sangre, de cultura y de costumbre al otro lado del charco. Nos une más a ellos que a estos de arriba los pirineos. Es cuestión de recuperar nuestra verdadera identidad con aquellos países de Texas para abajo. Y éstos sí que nos están dando lecciones de política. Han roto con todos esos organismos –FMI, BM- que lo único que buscan es la esclavitud de los pueblos a través de los bancos y empresas monopolísticas.

Hoy hemos conocido que somos ya más de 6 millones doscientos mil parados en España. Mañana, un triste, cutre y mediocre presidente nos seguirá apretando las tuercas y avanzaremos más rápido en nuestra pobreza. Sigue las órdenes dadas por esos desalmados sirvientes de los mercados y de los bancos centroeuropeos. Pero, ¿Qué se puede esperar de tal personaje, si su partido político es la corrupción misma? Ellos sólo buscan su propia salvación.

Me duele España, me apena España, me entristece España.

¡Lloro por España!

Es lo único que puedo hacer, no tengo el poder.